Rinden tributo a héroe Leoncio Prado
Y presentan nueva edición de libro en honor a su figura
Promoción XVII del Colegio Militar Leoncio Prado festeja Bodas de Oro con exposición de la vida y obra del patrono de su alma máter.
Eduardo Salinas Y.
El Colegio Militar Leoncio Prado es uno de los más emblemáticos del país, una institución educativa que se ha convertido en una tradición y en un referente de formación de diversas generaciones. Ese fue precisamente el principal motivo de orgullo que se mostró en la reciente reunión celebrada en la fortaleza del Real Felipe.
¿El motivo? Los ex alumnos del colegio militar decidieron rendir honores a Leoncio Prado con discursos en honor a su referente institucional. El más celebrado fue el expuesto por el general de Brigada EP (R),
Herrmann Hamann Carrillo, presidente del Centro de Estudios Históricos Militares del Perú.
La exposición fue comentada por otra alocución maestra de
José Antonio Luna Bazo, entre otras personalidades.
A su vez,
Jorge Sunico, presidente del Patronato del Colegio Militar Leoncio Prado, comentó también que llegarán nuevos tiempos para su tradicional institución educativa, la cual tendrá una óptima proyección al futuro.
“Al ser el primer colegio emblemático del país, ha permitido hacer un cambio total en su estructura, y nos ha permitido desarrollar la educación de los nuevos cadetes”, expresó Sunico.
Agregó que la imagen de Leoncio Prado enseña que la juventud es todavía rescatable y que debe aprender de los valores como la disciplina y el amor al trabajo, ese es el compromiso que debe sentir todo estudiante con el país.
Presentan nuevo libro
Mientras tanto, el escritor de la decimoséptima promoción del emblemático colegio militar Leoncio Prado,
Luis Cuadra Rubio, presentó la segunda edición de su libro de investigación histórica ‘Pradito’, una estrella solitaria, que ha sido muy elogiado.
La clave
Valioso. “El libro está destinado a todos los estudiantes, para acrecentar su fervor cívico. Para mí sería grato que este libro tenga acogida en el Ministerio de Educación”, afirmó Cuadra.
La historia del siglo XIX y la del XX comparten el mismo error. Ambas se esforzaron mucho por darle al ciudadano de a pie la verdad acerca del pasado. Eran otros tiempos, eran tiempos en los que los paradigmas filosóficos nos convencían de sus propias certezas.
Por: Daniel Parodi
De esta manera, en el siglo XX el positivismo científico planteaba que todo podía y debía ser demostrado a través de la experimentación empírica. Por su parte, las ciencias sociales paulatinamente se apropiaron del siglo XX y nos convencieron que todo debía explicarse porque remitía a una estructura, ya sea social, económica o política; en esos términos, el sujeto individual poco podía hacer para interferir en el curso de los acontecimientos.
Pero en el siglo XX hubo dos avisos de que algo andaba mal y de que no era tan fácil como se pensaba estar tan seguro de nuestras antiguas certidumbres. Por un lado, la Segunda Guerra Mundial se llevó consigo a sesenta millones de personas, nada más y nada menos, incluidos holocaustos y bombas atómicas. ¿Podía ser verdad entonces esa convencida idea de que el desarrollo de Occidente llevaba a la humanidad de la mano hacia su progreso? ¿Estábamos hablando de lo mismo? ¿Era ese mismo progreso el que había sembrado el mundo de dolor y de destrucción?
Por otro lado, en 1989 se cayó el muro de Berlín y se llevó consigo a la URSS, al bloque socialista, al telón de acero, al mundo bipolar y de paso al marxismo que había anidado en las ciencias sociales; y además del marxismo a sus primos cercanos: el estructuralismo y el funcionalismo. Fue entonces cuando volvimos a sentir el tiempo. Las estructuras dejaron de aprisionarnos y experimentamos el deseo de volver a ser plenamente humanos, plenamente individuos, plenamente nosotros, plenamente yo y fue entonces cuando recuperamos la capacidad de emocionarnos, de ser románticos y de crear.
Y fue entonces también cuando comprendimos que la historia es verdad, pero es una verdad libre, es una verdad que cambia constantemente porque cambian también los que la narran y cambian los tiempos en los que es narrada. Y es al fin, al comprender que la historia posee una dimensión narrativa, que nos sentimos de nuevo con el derecho a admirar el pasado y a admirarnos con el pasado, y a identificar en él nuestros viejos y entrañables arraigos, nuestras viejas y entrañables querencias, como la querencia por la patria, por la tierra, por el hogar.
En este nuevo contexto, Pradito de Luis Cuadra es una delicia y es que el autor, en su relato, decidió asumir la identidad de su personaje, decidió convertirse en él, para que así el mismo Leoncio Prado nos narre su vida, azarosa e intensa desde su nacimiento. En estos tiempos super modernos, Pradito me evoca alguna película de aquellas que sugieren que el hombre lleva consigo un dispositivo que registra todos los instantes de su vida.
En Pradito, es el mismo Leoncio Prado el que cobra vida para nosotros y nos relata en primera persona –con delicada sensibilidad–la infancia, el dolor de la bastardía y el reencuentro amoroso con el padre ausente, el que a posteriori sería el presidente Mariano Ignacio Prado. Pero será pronto cuando Pradito descubra esa vocación por la vida, entendida como aventura profundamente patriótica. Alférez de fragata a los trece años, Pradito supo desde el inicio, de su destino patriótico en cierne.
No quisiera, en estas líneas, descubrir los contenidos de este relato, que es menester descubran ustedes mismos en otra aventura, la de la lectura, que simbióticamente se fusionará, sin duda, con la vida de tan alto personaje de la patria. A Leoncio Prado, Luis Cuadra le ha dado de nuevo el halo de la vida, para que, en una dimensión intermedia entre la realidad y la ficción, converse con nosotros de las querencias, los azares y de la amada patria.
(*) Historiador PUCP.
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