
Este rincòn sirve para volcar inquietudes de nuestra vida diaria, mostrar articulos de diversos autores sobre nuestra realidad y recibir sus importantes opiniones.Estaremos atentos a todo como lo haciamos en nuestros turnos de imaginaria cuando eramos cadetes del Colegio Militar Leoncio Prado . Pepelucho
domingo, 26 de junio de 2011
La “religión” del Presidente
Es increible lo que ocurre con Ala Garcia. Ningunea a los propios peruanos del Peru profundo y ahora llama casi ignorantes a los que que tiene un credo diferente al de el. Solo le interesa hacerse cada vez mas rico. Cómo es posible que haya sido elegido otra vez y que digan que ha hecho un excelente gobierno.
La crónica de Alberto es muy clara sobre su conducta
Alberto Adrianzén M.(*)
En estos días la religión se ha convertido en un tema polémico. Con ello no solo me refiero al controvertido Cristo del Morro Solar, sino también a los recientes ataques del presidente García a lo que califica de religiones primitivas. Hace unos días en una entrevista en TV declaró: “En tercer lugar derrotar las ideologías absurdas, panteístas, que creen que las paredes son dioses y el aire es dios. En fin, volver a esas formas primitivas de religiosidad donde se dice no toques ese cerro porque es un Apu, porque está lleno del espíritu milenario y no sé qué cosa. Bueno, si llegamos a eso, entonces, no hagamos nada, ni minería. No toques a esos peces, porque son criaturas de dios y son la expresión del dios Poseidón. Volvemos a ese animismo primitivo. Yo pienso que necesitamos más educación…”.
Lo primero que habría que decir es que estas declaraciones, inusuales por cierto en un mandatario, son expresión de una abierta intolerancia respecto a otras formas religiosas que no sean la cristiana. Llamar “ideologías absurdas” o “formas primitivas de religiosidad”, porque se cree que los cerros son sagrados o porque el mundo y Dios son uno o lo mismo, es en realidad no solo un insulto a todos aquellos que profesan estas creencias sino también una amenaza totalitaria encubierta en fundamentos religiosos. Es el anuncio de un poder que está dispuesto a reiniciar un proceso, como sucedió en la Conquista, de extirpación de idolatrías; es proponer una suerte de cruzada (vía la educación) contra un mundo (o una cultura) por el solo hecho de pensar (o creer) distinto. Es la negación de lo que debe ser un Estado laico y respetuoso de las diversas formas de religiosidad. Se podría afirmar que estas infortunadas declaraciones son la continuación, esta vez en clave religiosa, del famoso artículo “El perro del hortelano”.
Llama la atención que lo dicho por el Presidente no haya sido objeto de un debate público. Sería bueno, por ello, preguntarle al ministro de Cultura –cuya profesión es la antropología– qué opina al respecto. Si considera, por ejemplo, que la religiosidad andina que cree que los cerros son Apus corresponde a una manifestación primitiva, absurda o formas antiguas de pensamiento. Me pregunto qué podría pensar el presidente García cuando descubra que la reciente Constitución ecuatoriana afirma que la naturaleza tiene derechos que deben ser respetados. ¿Acusaría también al presidente Correa y a los ecuatorianos de panteístas absurdos e irracionales?
Es claro que estas declaraciones pueden ser calificadas de fanatismo religioso, pero también pueden leerse como una suerte de metáfora. La guerra religiosa que nos propone el presidente García no es solo contra las ideas panteístas sino más bien contra todas aquellas personas que impiden, como él mismo dice, las inversiones mineras. Son estos seres absurdos, primitivos e irracionales los que paralizan el “progreso”. Es decir, contra aquellos (incluyo los ecologistas) que consideran que el medio ambiente, sea por razones religiosas o no, debe ser respetado y cuidado.
En realidad, el presidente García no solo es un fanático religioso que cree que su religión es “superior” a las demás, sino también un fanático de un capitalismo depredador de la naturaleza.
Finalmente, hay que decir lo siguiente: el discurso del presidente García a estas alturas, además de intolerante, es peligroso; más aún en el contexto de los actuales enfrentamientos. Para nadie es un secreto que la mayor cantidad de conflictos sociales que sacuden al país tiene como origen la defensa del medio ambiente frente al avance minero. Dicho en otros términos: es una invitación a la represión y por qué no decirlo, a una suerte de limpieza política y cultural que pretende fundamentarse en supuestas ideas religiosas. Es, en última instancia, un grito de guerra no para defender la libertad sino más bien para suprimirla.
(*) albertoadrianzen.lamula.com
La crónica de Alberto es muy clara sobre su conducta
Alberto Adrianzén M.(*)
En estos días la religión se ha convertido en un tema polémico. Con ello no solo me refiero al controvertido Cristo del Morro Solar, sino también a los recientes ataques del presidente García a lo que califica de religiones primitivas. Hace unos días en una entrevista en TV declaró: “En tercer lugar derrotar las ideologías absurdas, panteístas, que creen que las paredes son dioses y el aire es dios. En fin, volver a esas formas primitivas de religiosidad donde se dice no toques ese cerro porque es un Apu, porque está lleno del espíritu milenario y no sé qué cosa. Bueno, si llegamos a eso, entonces, no hagamos nada, ni minería. No toques a esos peces, porque son criaturas de dios y son la expresión del dios Poseidón. Volvemos a ese animismo primitivo. Yo pienso que necesitamos más educación…”.
Lo primero que habría que decir es que estas declaraciones, inusuales por cierto en un mandatario, son expresión de una abierta intolerancia respecto a otras formas religiosas que no sean la cristiana. Llamar “ideologías absurdas” o “formas primitivas de religiosidad”, porque se cree que los cerros son sagrados o porque el mundo y Dios son uno o lo mismo, es en realidad no solo un insulto a todos aquellos que profesan estas creencias sino también una amenaza totalitaria encubierta en fundamentos religiosos. Es el anuncio de un poder que está dispuesto a reiniciar un proceso, como sucedió en la Conquista, de extirpación de idolatrías; es proponer una suerte de cruzada (vía la educación) contra un mundo (o una cultura) por el solo hecho de pensar (o creer) distinto. Es la negación de lo que debe ser un Estado laico y respetuoso de las diversas formas de religiosidad. Se podría afirmar que estas infortunadas declaraciones son la continuación, esta vez en clave religiosa, del famoso artículo “El perro del hortelano”.
Llama la atención que lo dicho por el Presidente no haya sido objeto de un debate público. Sería bueno, por ello, preguntarle al ministro de Cultura –cuya profesión es la antropología– qué opina al respecto. Si considera, por ejemplo, que la religiosidad andina que cree que los cerros son Apus corresponde a una manifestación primitiva, absurda o formas antiguas de pensamiento. Me pregunto qué podría pensar el presidente García cuando descubra que la reciente Constitución ecuatoriana afirma que la naturaleza tiene derechos que deben ser respetados. ¿Acusaría también al presidente Correa y a los ecuatorianos de panteístas absurdos e irracionales?
Es claro que estas declaraciones pueden ser calificadas de fanatismo religioso, pero también pueden leerse como una suerte de metáfora. La guerra religiosa que nos propone el presidente García no es solo contra las ideas panteístas sino más bien contra todas aquellas personas que impiden, como él mismo dice, las inversiones mineras. Son estos seres absurdos, primitivos e irracionales los que paralizan el “progreso”. Es decir, contra aquellos (incluyo los ecologistas) que consideran que el medio ambiente, sea por razones religiosas o no, debe ser respetado y cuidado.
En realidad, el presidente García no solo es un fanático religioso que cree que su religión es “superior” a las demás, sino también un fanático de un capitalismo depredador de la naturaleza.
Finalmente, hay que decir lo siguiente: el discurso del presidente García a estas alturas, además de intolerante, es peligroso; más aún en el contexto de los actuales enfrentamientos. Para nadie es un secreto que la mayor cantidad de conflictos sociales que sacuden al país tiene como origen la defensa del medio ambiente frente al avance minero. Dicho en otros términos: es una invitación a la represión y por qué no decirlo, a una suerte de limpieza política y cultural que pretende fundamentarse en supuestas ideas religiosas. Es, en última instancia, un grito de guerra no para defender la libertad sino más bien para suprimirla.
(*) albertoadrianzen.lamula.com
viernes, 24 de junio de 2011
MATICES- Cuidado con un Puno infiltrado

Por : César Hildebrandt
El Congreso de Zumaeta -o sea, el reino de la nada- condecora al periodista Luis Agois, que ha escrito, como se sabe, columnas inéditas, crónicas que se están macerando, reportajes estupendos que aguardan, para darse a la luz pública, una oportunidad proporcional a su grandeza. Y el Congreso también ha condecorado a Paco Miró Quesada, el director de El Comercio que firma adhesiones a Húmala y permite ataques ruines al mismo Húmala en el diario que jura dirigir.
A mí lo de Luis Agois me parece una travesura. Y lo de Miró Quesada es puro machismo. Porque la condecorada habría tenido que ser la poderosa Martha Meier Miró Quesada, que es la que corta el jamón. Tengo mucho respeto por Paco Miró Quesada, pero debo admitir que Martha es la maríscala. Y protesto por esta injusticia de género.
¿Por qué Zumaeta suele -dicen-desdeñar a las mujeres? Habría que preguntárselo a su peluquero, que lo entinta con un tono cucaracha que lo hace pasar por flamígero del pelo.
Y las condecoraciones van y vienen. Condecora García a su secretario personal, a quien luego nombra ministro para blindarlo de la que se viene. Y Joselo, el canciller, condecora a quien se le ocurra con tal de que tenga DNI (para efectos de la resolución). Y hay condecorados del Poder Judicial, de! Tribunal Constitucional, del Ministerio Público.
Las latas doradas se cuelgan y las hojas de vida se adornan y las vanidades de quienes no debían tener ninguna engordan como la papada presidencial, esa sí la más condecorada.
Es un país de chiste. De Cristo de vinilo. De Caco en el poder. Es una humorada.
Mientras tanto, en Huancavelica mueren tres personas porque unos no quieren la universidad de los otros y porque han desaparecido el gobierno central, el Estado y las autoridades regionales. En Puno, todo está listo para que Aduviri dé la señal para que todo empiece de nuevo. Es como si el gobierno hubiese dejado de gobernar para dedicarse exclusivamente a inaugurar las sesenta obras con las que García dice que será admitido en el palacio de la posteridad.
Lo de Puno es de cuidado. Llegan cada vez más informes en relación con la participación, en el ala más radical del movimiento aimara, del MOVADEV, organización senderista interesadísima, en alianza con los Ponchos Rojos bolivianos, en "agudizar las contradicciones".
Wálter Aduviri es un contador que dice estar haciendo una maestría. Haría muy bien en decir en público que él y el MOVADEV nada tienen en común y que lo que pasa en Ayaviri, Azángaro o Carabaya es puro ambientalismo en pie de lucha. Y haría muy bien en afirmar que está alejado también de la pro-senderista hermana de un congresista que ha sido reelegido, aunque esta vez no por Puno.
De otro lado, la realidad del contrabando se yergue, maciza, como una de las posibles explicaciones del plan de levantar Puno y plantear el maximalismo como doctrina. La situación ha llegado a un punto en el que las agencias de turismo están a un paso de sacar a Puno de la oferta hotelera, alqo que alegraría mucho al ultrismo infiltrado en la grita étnica de una imaginada república aimara.
A estos problemas tendrá que enfrentarse Humala. Su discurso en la ceremonia de juramentación y entrega de credenciales ha tratado de ser una reafirmación de algunos principios, pero es evidente que su socio mayor, Alejandro Toledo, resulta ahora un contralor puesto por la Confiep en el seno del nuevo régimen.
Difícil tarea la de cumplir lo prometido y, al mis¬mo tiempo, no sobresaltar a nadie. Es como bailar El lago de los cisnes en una loseta. O La Cumparsita en una cornisa.
Es cierto que Húmala no tiene un mandato electoral suficientemente masivo. Pero es absolutamente claro que, en la segunda vuelta, la opción del cambio sosegado derrotó a la del inmovilismo. Y el problema de Húmala consistirá en saber hasta dónde puede llegar. Eso solo se sabrá después de un recorrido. El asunto es que la Confiep quisiera un Húmala en silla de ruedas.
Marcha, por otro lado, el Plan de los Cien Días del nuevo gobierno. A su elaboración se han incorporado Pedro Francke, Aída García Naranjo y Javier Iguiñiz, tres personas próximas a la ejecución de programas sociales.
El equipo económico de Húmala considera que, a pesar de los huecos premeditados que dejará García, la recaudación tributaria crecerá y habrá una suma añadida de siete mil millones de soles. No está mal para empezar.
Pero García no se queda quieto. Acaba de evacuar un decreto que, tras su habitual palabreo técnico-críptico, esconde un zarpazo en contra de la descentralización al abolir, en los hechos, la práctica del Presupuesto por Resultados. Eso tensará más todavía las relaciones entre Lima y el interior, algo que García desea exacerbar todo lo que se pueda.
En el mismo sentido está el desmantelamiento presupuestal de algunos programas sociales, como el que el ministerio de Educación estaba llevando a cabo con bastante éxito y que se relaciona con la lectura y el aprendizaje (PELA).
Las contradicciones no se han esfumado en Gana Perú. Apenas Aída García Naranjo dijo que habría que restablecer el despido causal y abolir el arbitrario, saltaron Roque Otárola y Marisol Espinoza a poner una venda donde no había contusión alguna.
Y, por otra parte, se seguía hablando de la posi¬bilidad de que Húmala indultase a Fujimori. Ese habría sido un tema tocado durante las tres horas de encierro con García. Lo que está claro es que si Húmala hace lo que muchos temen y libera a Fujimori de la cárcel que se archimereció, habrá enviado el mensaje de que, con él, no habrá promesa que no pueda incumplir.
La derecha se frota las manos porque cree tener todo atado y bien atado. La izquierda regional cree lo mismo. Y al Húmala de las convicciones del discurso del jueves se superpone el Húmala que pregona la métale la reconciliación*
¿Reconciliación sin que los ofensores, asesinos, ladrones y demás hayan pedido perdón?. Reconciliación sin valores? ¿Pragmatismo puro, mi comandante?
miércoles, 22 de junio de 2011
LA DERROTA DEL FASCISMO
La derrota del fascismo
Fuente: http://www.larepublica.pe/19-06-2011/
Dom, 19/06/2011 - 05:00
Por Mario Vargas Llosa
La victoria de Ollanta Humala en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el último 5 de junio, ha salvado al Perú de la instalación de una dictadura que, amparada por una mayoría electoral, hubiera exonerado al régimen de Fujimori y Montesinos (1990-2000) de los crímenes y robos que cometió, así como de los atropellos a la Constitución y a las leyes que marcaron ese decenio. Y hubiera devuelto al poder a los 77 civiles y militares que, por delitos perpetrados en esos años, cumplen prisión o se encuentran procesados. Por la más pacífica y civilizada de las formas –un proceso electoral– el fascismo hubiera resucitado en el Perú.
“Fascismo” es una palabra que ha sido usada con tanta ligereza por la izquierda, más como un conjuro o un insulto contra el adversario que como un concepto político preciso, que a muchos parecerá una etiqueta sin mayor significación para designar a una típica dictadura tercermundista. No lo fue, sino algo más profundo, complejo y totalizador que esos tradicionales golpes de Estado en que un caudillo moviliza los cuarteles, trepa al poder, se llena los bolsillos y los de sus compinches, hasta que, repelido por un país esquilmado hasta la ruina, se da a la fuga.
El régimen de Fujimori y Montesinos –da vergüenza decirlo– fue popular. Contó con la solidaridad de la clase empresarial por su política de libre mercado y la bonanza que trajo la subida de los precios de las materias primas, y de amplios sectores de las clases medias por los golpes asestados a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, cuyas acciones terroristas –apagones, secuestros, cupos, bombas, asesinatos– las tenían en la inseguridad y el pánico. Sectores rurales y lumpen fueron ganados mediante políticas asistencialistas de repartos y dádivas. Quienes denunciaron los atropellos a los derechos humanos, las torturas, desapariciones y aniquilamiento masivo de campesinos, trabajadores y estudiantes acusados (falsamente en la mayoría de los casos) de colaborar con el terrorismo, fueron perseguidos e intimidados, y sufrieron toda clase de represalias. Montesinos prohijó la floración de una “prensa chicha” inmunda, cuya razón de ser era hundir en el oprobio a los opositores mediante escándalos fabricados.
Los medios de comunicación fueron sobornados, extorsionados y neutralizados, de modo que el régimen sólo contó con una oposición en la prensa minimizada y en sordina, la necesaria para jactarse de respetar la libertad de crítica. Periodistas y dueños de medios de comunicación eran convocados por Montesinos a su oscura cueva del Servicio de Inteligencia, donde no sólo se les pagaba su complicidad con bolsas de dólares, también se les filmaba a escondidas para que quedaran pruebas gráficas de su vileza. Por allí pasaban empresarios, jueces, políticos, militares, periodistas, representantes de todo el espectro profesional y social. Todos salían con su regalo bajo el brazo, encanallados y contentos.
La Constitución y las leyes fueron adaptadas a las necesidades del dictador, a fin de que él y sus cómplices parlamentarios pudieran reelegirse con comodidad. Las pillerías no tenían límite y llegaron a batir todas las marcas de la historia peruana de la corrupción. Ventas de armas ilícitas, negocios con narcotraficantes a quienes la dictadura abrió de par en par las puertas de la selva para que sus avionetas vinieran a llevarse la pasta básica de cocaína, comisiones elevadas en todas las grandes operaciones comerciales e industriales, hasta sumar en diez años de impunidad la asombrosa suma de unos seis mil millones de dólares, según cálculos de la Procuraduría que, al volver la democracia, investigó los tráficos ilícitos durante el decenio.
Esto es, en apretado resumen, lo que iba a retornar al Perú con los votos de los peruanos si ganaba las elecciones la señora Keiko Fujimori. Es decir, el fascismo del siglo XXI. Este ya no se encarna en esvásticas, saludo imperial, paso de ganso y un caudillo histérico vomitando injurias racistas en lo alto de una tribuna. Sino, exactamente, en lo que representó en el Perú, de 1990 a 2000, el gobierno de Fujimori. Una pandilla de desalmados voraces que, aliados con empresarios sin moral, periodistas canallas, pistoleros y sicarios, y la ignorancia de amplios sectores de la sociedad, instala un régimen de intimidación, brutalidad, demagogia, soborno y corrupción, que, simulando garantizar la paz social, se eterniza en el poder.
El triunfo de Ollanta Humala ha mostrado que todavía quedaba en el Perú una mayoría no maleada por tantos años de iniquidad y perversión de los valores cívicos. Que esta mayoría fuera apenas de tres puntos pone los pelos de punta, pues indica que las bases de sustentación de la democracia son muy débiles y que hay en el país casi una mitad de electores que prefiere vivir bajo una satrapía que en libertad. Es una de las grandes tareas que tiene ahora en sus manos el gobierno de Humala. La regeneración moral y política de una nación a la que, el terrorismo de un lado y, del otro, una dictadura integral, han conducido a tal extravío ideológico que buena parte de él añora el régimen autoritario que padeció durante diez años.
Un rasgo particularmente triste de esta campaña electoral ha sido la alineación con la opción de la dictadura del llamado sector A, es decir la gente más próspera y mejor educada del Perú, la que pasó por los excelentes colegios donde se aprende el inglés, la que envía a sus hijos a estudiar a Estados Unidos, esa “elite” convencida de que la cultura cabe en dos palabras: whisky y Miami. Aterrados con los embustes que fabricaron sus propios diarios, radios y canales de televisión, que Ollanta Humala reproduciría en el Perú la política de estatizaciones e intervencionismo económico que ha arruinado a Venezuela, desencadenaron una campaña de intoxicación, calumnias e infamias indescriptibles para cerrarle el paso al candidato de Gana Perú, que incluyó, por supuesto, despidos y amenazas a los periodistas más independientes y capaces. Que estos, sin dejarse amedrentar, resistieran las amenazas y lucharan, poniendo en juego su supervivencia profesional, para abrir resquicios en los medios donde pudiera expresarse el adversario, ha sido uno de los hechos más dignos de esta campaña (por ejemplo, destaco la labor realizada por la publicación digital La Mula). Así como fue uno de los más indignos el papel desempeñado en ella por el arzobispo de Lima, el cardenal Cipriani, del Opus Dei, uno de los pilares de la dictadura fujimontesinista, que me honró haciendo leer en los púlpitos de las iglesias de Lima, en la misa del domingo, un panfleto atacándome por haberlo denunciado de callar cuando Fujimori hacía esterilizar, engañándolas, a cerca de trescientas mil campesinas, muchas de las cuales murieron desangradas en esa infame operación.
¿Y ahora, qué va a pasar? Leo en El Comercio, el diario del grupo que superó todas las formas de la infamia en su campaña contra Ollanta Humala, un editorial escrito con gran moderación y, se diría, con entusiasmo, por la política económica que se propone aplicar el nuevo Presidente, la que ha sido celebrada también, en un programa televisivo, por directivos de la confederación de empresarios, uno de los cuales afirmó: “En el Perú lo que falta es una política social”. ¿Qué ha ocurrido para que todos se volvieran humalistas de pronto? El nuevo Presidente sólo ha repetido en estos días lo que dijo a lo largo de toda su campaña: que respetaría las empresas y las políticas de mercado, que su modelo no era Venezuela sino Brasil, pues sabía muy bien que el desarrollo debía continuar para que la lucha contra la pobreza y la exclusión fuera eficaz. Desde luego, es preferible que los nostálgicos de la dictadura escondan ahora los colmillos y ronroneen, cariñosos, a las puertas del nuevo gobierno. Pero no hay que tomarlos en serio. Su visión es pequeñita, mezquina e interesada, como lo demostraron en estos últimos meses. Y, sobre todo, no hay que creerles cuando hablan de libertad y democracia, palabras a las que sólo recurren cuando se sienten amenazados. El sistema de libre empresa y de mercado vale más que ellos y por eso el nuevo gobierno debe mantenerlo y perfeccionarlo, abriéndolo a nuevos empresarios, que entiendan por fin y para siempre que la libertad económica no es separable de la libertad política y de la libertad social, y que la igualdad de oportunidades es un principio irrenunciable en todo sistema genuinamente democrático. Si el gobierno de Ollanta Humala lo entiende así y procede en consecuencia, por fin tendremos, como en Chile, Uruguay y Brasil, una izquierda genuinamente democrática y liberal y el Perú no volverá a correr el riesgo que ha corrido en estos meses, de volver a empantanarse en el atraso y la barbarie de una dictadura.
Fuente: http://www.larepublica.pe/19-06-2011/
Dom, 19/06/2011 - 05:00
Por Mario Vargas Llosa
La victoria de Ollanta Humala en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el último 5 de junio, ha salvado al Perú de la instalación de una dictadura que, amparada por una mayoría electoral, hubiera exonerado al régimen de Fujimori y Montesinos (1990-2000) de los crímenes y robos que cometió, así como de los atropellos a la Constitución y a las leyes que marcaron ese decenio. Y hubiera devuelto al poder a los 77 civiles y militares que, por delitos perpetrados en esos años, cumplen prisión o se encuentran procesados. Por la más pacífica y civilizada de las formas –un proceso electoral– el fascismo hubiera resucitado en el Perú.
“Fascismo” es una palabra que ha sido usada con tanta ligereza por la izquierda, más como un conjuro o un insulto contra el adversario que como un concepto político preciso, que a muchos parecerá una etiqueta sin mayor significación para designar a una típica dictadura tercermundista. No lo fue, sino algo más profundo, complejo y totalizador que esos tradicionales golpes de Estado en que un caudillo moviliza los cuarteles, trepa al poder, se llena los bolsillos y los de sus compinches, hasta que, repelido por un país esquilmado hasta la ruina, se da a la fuga.
El régimen de Fujimori y Montesinos –da vergüenza decirlo– fue popular. Contó con la solidaridad de la clase empresarial por su política de libre mercado y la bonanza que trajo la subida de los precios de las materias primas, y de amplios sectores de las clases medias por los golpes asestados a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, cuyas acciones terroristas –apagones, secuestros, cupos, bombas, asesinatos– las tenían en la inseguridad y el pánico. Sectores rurales y lumpen fueron ganados mediante políticas asistencialistas de repartos y dádivas. Quienes denunciaron los atropellos a los derechos humanos, las torturas, desapariciones y aniquilamiento masivo de campesinos, trabajadores y estudiantes acusados (falsamente en la mayoría de los casos) de colaborar con el terrorismo, fueron perseguidos e intimidados, y sufrieron toda clase de represalias. Montesinos prohijó la floración de una “prensa chicha” inmunda, cuya razón de ser era hundir en el oprobio a los opositores mediante escándalos fabricados.
Los medios de comunicación fueron sobornados, extorsionados y neutralizados, de modo que el régimen sólo contó con una oposición en la prensa minimizada y en sordina, la necesaria para jactarse de respetar la libertad de crítica. Periodistas y dueños de medios de comunicación eran convocados por Montesinos a su oscura cueva del Servicio de Inteligencia, donde no sólo se les pagaba su complicidad con bolsas de dólares, también se les filmaba a escondidas para que quedaran pruebas gráficas de su vileza. Por allí pasaban empresarios, jueces, políticos, militares, periodistas, representantes de todo el espectro profesional y social. Todos salían con su regalo bajo el brazo, encanallados y contentos.
La Constitución y las leyes fueron adaptadas a las necesidades del dictador, a fin de que él y sus cómplices parlamentarios pudieran reelegirse con comodidad. Las pillerías no tenían límite y llegaron a batir todas las marcas de la historia peruana de la corrupción. Ventas de armas ilícitas, negocios con narcotraficantes a quienes la dictadura abrió de par en par las puertas de la selva para que sus avionetas vinieran a llevarse la pasta básica de cocaína, comisiones elevadas en todas las grandes operaciones comerciales e industriales, hasta sumar en diez años de impunidad la asombrosa suma de unos seis mil millones de dólares, según cálculos de la Procuraduría que, al volver la democracia, investigó los tráficos ilícitos durante el decenio.
Esto es, en apretado resumen, lo que iba a retornar al Perú con los votos de los peruanos si ganaba las elecciones la señora Keiko Fujimori. Es decir, el fascismo del siglo XXI. Este ya no se encarna en esvásticas, saludo imperial, paso de ganso y un caudillo histérico vomitando injurias racistas en lo alto de una tribuna. Sino, exactamente, en lo que representó en el Perú, de 1990 a 2000, el gobierno de Fujimori. Una pandilla de desalmados voraces que, aliados con empresarios sin moral, periodistas canallas, pistoleros y sicarios, y la ignorancia de amplios sectores de la sociedad, instala un régimen de intimidación, brutalidad, demagogia, soborno y corrupción, que, simulando garantizar la paz social, se eterniza en el poder.
El triunfo de Ollanta Humala ha mostrado que todavía quedaba en el Perú una mayoría no maleada por tantos años de iniquidad y perversión de los valores cívicos. Que esta mayoría fuera apenas de tres puntos pone los pelos de punta, pues indica que las bases de sustentación de la democracia son muy débiles y que hay en el país casi una mitad de electores que prefiere vivir bajo una satrapía que en libertad. Es una de las grandes tareas que tiene ahora en sus manos el gobierno de Humala. La regeneración moral y política de una nación a la que, el terrorismo de un lado y, del otro, una dictadura integral, han conducido a tal extravío ideológico que buena parte de él añora el régimen autoritario que padeció durante diez años.
Un rasgo particularmente triste de esta campaña electoral ha sido la alineación con la opción de la dictadura del llamado sector A, es decir la gente más próspera y mejor educada del Perú, la que pasó por los excelentes colegios donde se aprende el inglés, la que envía a sus hijos a estudiar a Estados Unidos, esa “elite” convencida de que la cultura cabe en dos palabras: whisky y Miami. Aterrados con los embustes que fabricaron sus propios diarios, radios y canales de televisión, que Ollanta Humala reproduciría en el Perú la política de estatizaciones e intervencionismo económico que ha arruinado a Venezuela, desencadenaron una campaña de intoxicación, calumnias e infamias indescriptibles para cerrarle el paso al candidato de Gana Perú, que incluyó, por supuesto, despidos y amenazas a los periodistas más independientes y capaces. Que estos, sin dejarse amedrentar, resistieran las amenazas y lucharan, poniendo en juego su supervivencia profesional, para abrir resquicios en los medios donde pudiera expresarse el adversario, ha sido uno de los hechos más dignos de esta campaña (por ejemplo, destaco la labor realizada por la publicación digital La Mula). Así como fue uno de los más indignos el papel desempeñado en ella por el arzobispo de Lima, el cardenal Cipriani, del Opus Dei, uno de los pilares de la dictadura fujimontesinista, que me honró haciendo leer en los púlpitos de las iglesias de Lima, en la misa del domingo, un panfleto atacándome por haberlo denunciado de callar cuando Fujimori hacía esterilizar, engañándolas, a cerca de trescientas mil campesinas, muchas de las cuales murieron desangradas en esa infame operación.
¿Y ahora, qué va a pasar? Leo en El Comercio, el diario del grupo que superó todas las formas de la infamia en su campaña contra Ollanta Humala, un editorial escrito con gran moderación y, se diría, con entusiasmo, por la política económica que se propone aplicar el nuevo Presidente, la que ha sido celebrada también, en un programa televisivo, por directivos de la confederación de empresarios, uno de los cuales afirmó: “En el Perú lo que falta es una política social”. ¿Qué ha ocurrido para que todos se volvieran humalistas de pronto? El nuevo Presidente sólo ha repetido en estos días lo que dijo a lo largo de toda su campaña: que respetaría las empresas y las políticas de mercado, que su modelo no era Venezuela sino Brasil, pues sabía muy bien que el desarrollo debía continuar para que la lucha contra la pobreza y la exclusión fuera eficaz. Desde luego, es preferible que los nostálgicos de la dictadura escondan ahora los colmillos y ronroneen, cariñosos, a las puertas del nuevo gobierno. Pero no hay que tomarlos en serio. Su visión es pequeñita, mezquina e interesada, como lo demostraron en estos últimos meses. Y, sobre todo, no hay que creerles cuando hablan de libertad y democracia, palabras a las que sólo recurren cuando se sienten amenazados. El sistema de libre empresa y de mercado vale más que ellos y por eso el nuevo gobierno debe mantenerlo y perfeccionarlo, abriéndolo a nuevos empresarios, que entiendan por fin y para siempre que la libertad económica no es separable de la libertad política y de la libertad social, y que la igualdad de oportunidades es un principio irrenunciable en todo sistema genuinamente democrático. Si el gobierno de Ollanta Humala lo entiende así y procede en consecuencia, por fin tendremos, como en Chile, Uruguay y Brasil, una izquierda genuinamente democrática y liberal y el Perú no volverá a correr el riesgo que ha corrido en estos meses, de volver a empantanarse en el atraso y la barbarie de una dictadura.
martes, 21 de junio de 2011
Dia del Padre

Todos los años siempre estas fechas son para estar con la familia y compartir momentos alegres. Este domingo estuvimos en casa de "Mama Vicky", mi madre, que como siempre nos atiende y celebra. Estuvimos muy contentos y felizmente estuvimos todos para comer el rico espesado que preparó mi hermano Papi y sus hijas Caro y Diana bajo la dirección de la abuela.Asimismo, el flaco se preparo dos cebiches con diferente pescado y tambien el famoso chinguirito. Ya no ya.
A lo largo de nuestra vida , nuestro querido chino,mi padre, nos acostumbró a vivir en familia.El mismo iba al mercado y llegaba cargado de los elementos para hacer una comida para mas de 20 personas que mi abuelita Julia lo hacia con su sabor inigualable. Y digo nos acostumbró porque el famosooespesado que preparaba se convirtio en el plato que congrega a todos. Cuando saben que hay ese plato llegan los sobrinos de donde esten .Si o no Vero, Julio, Rodri,Puky. Eso es lo lindo que a traves del tiempo y con un plato sencillo nos juntamos y sentimos que el tiempo no ha pasado porque estamos con los que partieron antes ,con alegria y mucho amor. Asi estamos siempre juntos. Ovbiamente esto sirve para recrearnos con anécdotas de todos los tiempos.
Los veia en la foto grupal y recien asimilaba que el tiempo sigue corriendo sin darnos cuenta, pero eso no es lo importante.Lo que vale es ver a nuestros hijos y sobrinos crecidos y dueños de su propio camino. Ver y sentir eso no tiene precio para un padre. Creo que es la satisfacción mas grande.
A verrrrr
http://elimaginaria.blogspot.com/2009/06/recuerdos.html
http://elimaginaria.blogspot.com/2009/06/mis-hijos.html
sábado, 18 de junio de 2011
MATICES-HUMALA primeras desiluciones

Por : César Hildebrandt
A OIIanta Húmala le puede pasar lo que le pasó a Alfonso Barrantes.
A Barrantes le pasó lo que les suele pa¬sar a quienes han tenido algún éxito en política: siempre habrá quienes se lo atribuyan.
Perú Posible cree que Húmala no sería presiden¬te si el partido no se hubiera manifestado a su favor. No importa que lo hiciera faltando muy pocos días para la elección y a regañadientes.
Pero lo mismo cree Alvaro Vargas Llosa. Y lo mis¬mo los radicales que alguna vez auparon a Hugo Blanco y elevaron a Barrantes a la cima de donde lo dejaron caer con inmensa alegría. Y casi lo mismo piensan algunos periodistas que se creen decisi¬vos y que aparecen la noche del triunfo festejando como si de algo personal se tratara.
Y no me van a decir que Kurt Burneo no piensa que sin su moderación, expresada a veces de modo ininte¬
ligible, el triunfo no se habría dado. Del mismo modo que Félix Jiménez está convencido de que la pureza
de sus principios, aunque depuestos en la segunda vuelta, mucho tuvieron que ver con el desenlace.
¿Y Nadine? Basta mirarla para darnos cuenta de que está segura que detrás de una gran mujer hay un gran hombre.
Y, por supuesto, Lula, que es como firma, cuando firma con la mano izquierda, el señor Odebrecht. Lula debe sentirse el padre y padrino del asunto. Y la presidenta actual espera de Húmala, por lo me¬nos, el elogio de la madrastra.
Siomi Lerner siente que Húmala le hizo caso. Y piensa que Húmala le seguirá haciendo caso. Y Da¬niel Abugattás no duda de lo mismo.
Y los intelectuales de izquierda que apoyaron a Hú¬mala, ¿acaso no se sienten, con derecho, importantes?
Para no hablar de los sindicatos que se pronun¬ciaron, las federaciones que pusieron sus avisos, las ONG que se hicieron presentes.
No puedo evitar nombrar a Mario Vargas Llosa, a quien el futuro inmediato le debe asignar el ruidoso papel de ser el jefe de la oposición en el exilio vo¬luntario. A no ser que Húmala acate sus planes az-naristas, sus metas de liberal extremo y sus consejos para que el Perú termine pareciéndose a Suiza.
A los socios que lo acompañaron en la heroica in-certidumbre electoral, se añaden ahora, en la hora del triunfo, los que aspiran a ser amigos tan repenti¬nos como influyentes. Allí están los grandes mineros dando lecciones de por qué las ganancias inmensas e impensadas no pueden gravarse, la Confiep afir¬mando que todas las dudas se han despejado y los comentaristas de diverso tono que cuentan los días para el besamanos del 28.
¡Lo que le espera al presidente electo!
Los saldos de una izquierda radical lo instarán a dar pasos temerarios. Los conservadores y aportantes, que también son parte de su entorno, se encargarán de decirle que es hora de gobernar y que las prome¬sas electorales fueron eso: promesas, lo que et viento se lleva. La Confiep le exigirá confianza renovada cada 48 horas. La CGTP le prohibirá el olvida La Bolsa de Valores será como el Big Ben inglés marcando el tiem¬po de las movidas de acciones y los sustos financieros. Las regiones más alzadas, como Cusco y Puno, lo pre¬sionarán para que cumpla con lo dicho en cada mitin y en cada reunión con actas. Y el importante Vargas Llosa vigilará desde donde esté -cuando en Lima sea invierno- no sólo que Húmala no se parezca a Chávez sino que Húmala se parezca cada día más a Uribe. Por¬que de eso se trata, créanme.
¿Y el partido Gana Perú?
Bueno, como todos sabemos, el partido Gana Perú es, visto con buena fe, un nombre y un espejis¬mo. Lo que existe es una gran bancada parlamenta¬ria que necesita la orientación de un líder.
Aparte de presidente, ¿será líder, aunque fuese sólo de los suyos, Húmala?
Esperamos que sí.
Pero, claro, un líder necesita metas y las metas son hijas de ios propósitos y los propósitos son hijos de las ideas. ¿Cuántas de ellas han sido diezmadas por las presiones en el caso del presidente?
Desde que Húmala fue elegido (felizmente), ha he¬cho lo posible por aguarse un poco y borronearse otro tanto. Hoy no sé a qué Húmala esperamos: si al que dice que los Estados Unidos son un aliado estratégico del Perú o al que afirma que nuestros representantes en La Haya tendrán que ser evaluados. Si tuviera que elegir entre esos dos Húmala la verdad es que votaría en blanco. Porque Estados Unidos no es aliado estra¬tégico de países que están, esencialmente, bajo su do¬minio y porque si hay algo que decir sobre los funcio¬narios que nos representan en el litigio que se ve en La Haya, pues eso se dice en Torre Tagle y en reserva. El presidente del Perú no puede enviarle al país con el que tiene un diferendo el mensaje de que no está con¬tento con sus propios abogados. Ese es un mensaje imprudente y derrotista.
Prefiero quedarme con el Húmala que es bienvenido en Uruguay y que reafirma nuestra cercanía -esa sí estra¬tégica- con Argentina. Las protocoladas dichas en Santiago de Chile hay que tomarlas con pinzas, aunque consti¬tuyen, de por sí, un vio¬lento desacato a sí mismo, una grosera contradicción respecto de las altivas (y geopolíticamente correctas) afirmaciones dichas en campaña.
Lo que se ve en el horizonte es un candidato que asustó a la derecha -que se asusta de todo-, que ahora ya no asusta a la derecha -y eso está muy bien-, pero que se ha vuelto un enigma para sus electores populares: los empobrecidos de las ciuda¬des, los pobres rurales, los golpeados por el empleo basura, los desatendidos.
Si Húmala cree que gobernar es obtener el apoyo de todos en un país de desiguales y que la luna de miel que ahora disfruta tiene que ser eterna, se equi¬voca. Las tortillas tendrán que salir de algunos hue¬vos. No esperamos de Húmala aventuras peligrosas ni saltos al vacío ni un uso perverso de resentimientos sociales. Lo que la gente que le dio el triunfo espera es que algunas cosas cambien. Con prudencia, pero que cambien. Porque si Húmala decide ser el gerente "del Perú mejorando el departamento de Relaciones Humanas y Asistencia Social, muchos se preguntarán qué diablos ha sido todo esto de la campaña y de los programas formulados y luego amainados.
Lo que se espera, en resumen, es que a Húmala la palabra traición nunca le resulte justa. Aunque, al paso que vamos, nadie puede hacer predicciones sobre el tema. ■
domingo, 12 de junio de 2011
SI SE PUDO
Por Sinesio López Jiménez
Derrotar al fujimorismo no era difícil, pero vencer a todos los poderes que lo respaldaban parecía imposible. Era una batalla desigual. Pocos analistas pensaban que Ollanta Humala pudiera imponerse a Fujimori, a los grandes grupos empresariales, a la mayoría de los medios, al cardenal Cipriani y a García. A mí me parecía difícil, pero no imposible. ¿Por qué era difícil? El poder económico y el poder político no estaban dispuestos a perder el poder político. Temían que, perdiéndolo, su poder económico y mediático corría un serio peligro. García creía que la continuidad del modelo neoliberal peligraba y que Ollanta, una vez en el gobierno, levantara la alfombra de Palacio. ¿Cuál era el miedo del cardenal Cipriani? No temía, por cierto, perder el cielo sino il bocatto di cardinale (algunos apetecidos bienes terrenales por los cuales litiga).
Era difícil, además, porque, detrás de la candidatura de Ollanta, no existían ni existen partidos organizados que pudieran contrarrestar la ofensiva feroz de todos los poderes. ¿Por qué no era imposible? Había antecedentes de la derrota de los medios.
Barrantes en los 80 y Belmont en 1989 habían logrado victorias parciales y Fujimori en 1990 logró una victoria total cuando ganó el gobierno contra la voluntad de los medios. ¿Por qué triunfó Ollanta? Hay varios factores que han contribuido a su victoria. En primer lugar, la calidad del candidato. Ollanta tiene defectos, sin duda, pero son mayores sus virtudes. La primera es una voluntad férrea, forjada en otras batallas muy difíciles (lucha contra el terrorismo, guerra del Cenepa) que debió librar como militar. La segunda, una persistente y legítima ambición de poder que lo impulsó a luchar denodadamente por la conquista del gobierno.
La tercera, la madurez del candidato, adquirida a lo largo de la lucha política desde el 2006 en adelante. En una reunión de un centenar de invitados sostuvo: que me disculpe mi profesor de política, pero yo aprendí mucho más en la calle (en contacto directo con el pueblo) que en la Católica. Esa madurez le permitió en estas elecciones adecuarse a los cambios de los tiempos y las circunstancias sin renunciar a los objetivos programáticos y estratégicos. La segunda razón de su triunfo es la campaña electoral impecable que desplegó con la asesoría de especialistas de primer nivel. Gracias a sus asesores pudo salir airoso de los desafíos más difíciles de la campaña.
En tercer lugar, la conformación de una coalición de centroizquierda le permitió enfrentar con éxito la segunda vuelta electoral. El 32% de esa coalición provenía de las corrientes nacionalista e izquierdistas de la primera vuelta y el 20% provino de la vertiente liberal-democrática encabezada por Alejandro Toledo y Mario Vargas Llosa. Por ser liberal, democrática y ética, esta corriente era profundamente antifujimorista. Hay que destacar la valentía y la entereza moral de los Vargas Llosa (Mario y Álvaro) para defender sus principios aun a costa de enemistarse y ganarse los odios del poder económico, mediático y religioso. En cuarto lugar, el apoyo de algunos medios masivos (La República y La Primera) y de algunas organizaciones de la sociedad civil que le dieron sustento e impulso a la campaña, especialmente en la última semana en la que se rompió el virtual empate de los candidatos.
¿Cuáles son los principales desafíos de Ollanta como presidente? El primero, mantener el impulso del crecimiento económico. En segundo lugar, elevar la presión tributaria sin abusar de los impuestos. El tercero, desplegar el conjunto de políticas sociales como derechos sociales universales que prometió en la campaña. El cuarto, aplicar un shock en los aparatos sociales del Estado (educación, salud, justicia y seguridad) para hacerlos más ágiles, eficientes y transparentes. Todo eso requiere, sin duda, manejar las políticas económicas con y desde el centro y las políticas sociales con y desde la izquierda. Que Dios nos ayude.
Derrotar al fujimorismo no era difícil, pero vencer a todos los poderes que lo respaldaban parecía imposible. Era una batalla desigual. Pocos analistas pensaban que Ollanta Humala pudiera imponerse a Fujimori, a los grandes grupos empresariales, a la mayoría de los medios, al cardenal Cipriani y a García. A mí me parecía difícil, pero no imposible. ¿Por qué era difícil? El poder económico y el poder político no estaban dispuestos a perder el poder político. Temían que, perdiéndolo, su poder económico y mediático corría un serio peligro. García creía que la continuidad del modelo neoliberal peligraba y que Ollanta, una vez en el gobierno, levantara la alfombra de Palacio. ¿Cuál era el miedo del cardenal Cipriani? No temía, por cierto, perder el cielo sino il bocatto di cardinale (algunos apetecidos bienes terrenales por los cuales litiga).
Era difícil, además, porque, detrás de la candidatura de Ollanta, no existían ni existen partidos organizados que pudieran contrarrestar la ofensiva feroz de todos los poderes. ¿Por qué no era imposible? Había antecedentes de la derrota de los medios.
Barrantes en los 80 y Belmont en 1989 habían logrado victorias parciales y Fujimori en 1990 logró una victoria total cuando ganó el gobierno contra la voluntad de los medios. ¿Por qué triunfó Ollanta? Hay varios factores que han contribuido a su victoria. En primer lugar, la calidad del candidato. Ollanta tiene defectos, sin duda, pero son mayores sus virtudes. La primera es una voluntad férrea, forjada en otras batallas muy difíciles (lucha contra el terrorismo, guerra del Cenepa) que debió librar como militar. La segunda, una persistente y legítima ambición de poder que lo impulsó a luchar denodadamente por la conquista del gobierno.
La tercera, la madurez del candidato, adquirida a lo largo de la lucha política desde el 2006 en adelante. En una reunión de un centenar de invitados sostuvo: que me disculpe mi profesor de política, pero yo aprendí mucho más en la calle (en contacto directo con el pueblo) que en la Católica. Esa madurez le permitió en estas elecciones adecuarse a los cambios de los tiempos y las circunstancias sin renunciar a los objetivos programáticos y estratégicos. La segunda razón de su triunfo es la campaña electoral impecable que desplegó con la asesoría de especialistas de primer nivel. Gracias a sus asesores pudo salir airoso de los desafíos más difíciles de la campaña.
En tercer lugar, la conformación de una coalición de centroizquierda le permitió enfrentar con éxito la segunda vuelta electoral. El 32% de esa coalición provenía de las corrientes nacionalista e izquierdistas de la primera vuelta y el 20% provino de la vertiente liberal-democrática encabezada por Alejandro Toledo y Mario Vargas Llosa. Por ser liberal, democrática y ética, esta corriente era profundamente antifujimorista. Hay que destacar la valentía y la entereza moral de los Vargas Llosa (Mario y Álvaro) para defender sus principios aun a costa de enemistarse y ganarse los odios del poder económico, mediático y religioso. En cuarto lugar, el apoyo de algunos medios masivos (La República y La Primera) y de algunas organizaciones de la sociedad civil que le dieron sustento e impulso a la campaña, especialmente en la última semana en la que se rompió el virtual empate de los candidatos.
¿Cuáles son los principales desafíos de Ollanta como presidente? El primero, mantener el impulso del crecimiento económico. En segundo lugar, elevar la presión tributaria sin abusar de los impuestos. El tercero, desplegar el conjunto de políticas sociales como derechos sociales universales que prometió en la campaña. El cuarto, aplicar un shock en los aparatos sociales del Estado (educación, salud, justicia y seguridad) para hacerlos más ágiles, eficientes y transparentes. Todo eso requiere, sin duda, manejar las políticas económicas con y desde el centro y las políticas sociales con y desde la izquierda. Que Dios nos ayude.
MATICES- Total quien gano las elecciones?

Por :Cesar Hildebrandt
En el país de las maravillas, donde el relojero siempre da la misma hora y el sombrerero no es loco sino bobo, los ganadores dan explicaciones y los perdedores las exigen. Y la reina de la baraja, disfrazada de Cecilia Blume, continúa, impertérrita, su reinado de terror.
Gana Húmala y lo primero que hace canal 4 es llamar a PPK, ese lobista sin vergüenza alguna, que dictamine. Y durante 45 minutos PPK decide que el miedo se instalará entre nosotros, que la Bolsa -esa santa entidad que muchas veces, sin embargo, guarece a especuladores súbitos y pendejos a lo Bernard Madoff— bajará hasta el segundo subsótano y que viviremos por un buen tiempo caminando por la cornisa de un edificio zarandeado por el viento de Chicago.
¿Así? ¿De verdad? ¡Qué miedo! Entonces la señora que hace de mamita del sistema y el señor que hace de guachimán de Buenaventura le preguntan a PPK qué hacer. Y entonces este lobista dos veces derrotado, este sujeto que Alan García inventó para que Toledo no se vengara investigándolo, este operador de la política entendida como negocio, da su veredicto imparcial.
"Que Húmala dé muestras de confianza", dice.
Y la señora y el señor, que odian a Húmala tanto como aman su propia e inmóvil servidumbre, acatan, aplauden, repreguntan y azuzan.
En suma: Húmala debe decirnos qué va a hacer con el BCR —como si con el Banco Central se pudiera hacer algo que no esté contemplado por la ley que, felizmente, lo blinda—, qué hará con el Estado —como si con el Estado se pudiera hacer algo más que fortalecerlo después de que los liberales lo han masacrado hasta casi desaparecerlo—, y ' además, quién será su primer ministro, quién se hará cargo de economía, quién del comercio exterior, en qué manos estará la Sunat —no vayan a usarla como arma política, dicen los ladrones del fujimorismo, los que crearon "el RUC sensible" y el maletín delivery—, y qué se hará con la minería, pobrecita, que ya tiembla y suda. Y agregan que Húmala tiene que jurar que "el sistema" no será tocado, porque si no los capitales se irán y las inversiones nos dirán adiosito desde la ventana de un jet privado.
O sea, lo de siempre: que la derecha gana cuando gana y la derecha gana cuando pierde. Y su arma de destrucción masiva es el miedo: gana cuando ha asustado lo suficiente y, cuando pierde, infunde tal pavor en el adversario que termina por incorporarlo a sus filas y a sus programas preservantes.
¡Y todos somos unos tetudos que si no obedecemos ni cantamos sus himnos estaremos condenados al infierno!
Aparecieron, de inmediato, en la tele hedionda de esa misma tarde, más embajadores de Altamira señalando plazos y exigiendo nombres calmadores. "Y que sea pronto" dijeron con la sangre en el ojo. Y en el canal 2 las caras eran como si la franja de Gaza se hubiera liberado.
Húmala, que se animó a la medianoche a hablarle a la gente que lo había elegido, eludió el enfrentamiento y dio un discurso de candidato.
Pero en las siguientes horas le dijo a la CNN que nadie debe preocuparse porque nada, en el fondo, cambiará. Faltó que dijera, como curita franciscano: "Lo que sobre, se repartirá". En ese mismo momento, un mayordomo de García llamado José Vargas dijo, mandado por el amo, que a Fujimori hay que soltarlo ya. Cuando se le preguntó a Húmala al respecto, su respuesta vino de la horchata y ni siquiera reflejó un punto de vista moral sobre asunto tan grave.
Lo que el Apra quiere es que la bancada fujimorista defienda al Caco Mayor en el Congreso. Si para eso le pi den que libere a Fujimori, pues lo hará. Con una ventaja colateral: con su capo en la calle, el fujimorismo tendrá el ánimo y la soberbia suficientes como para lanzarse, de inmediato, a la yugular del nuevo gobierno.
A lo largo de las siguientes horas después del triunfo, Gana Perú se convirtió en una filial de las boticas Arcángel. ¿Tiene usted temor? Pues ahí va su Rivotril. ¿Le inquietan las dudas de Mariella Balbi? Aquí están sus Xanax, dos al día. ¿Padece por el futu¬ro de la exploración petrolera? Pues aquí tiene su Lexotán.
Proliferan entonces los masajes verbales, los mejunjes de la abuela, tas agüitas de berro, el guarapo sedante, el Tarot de la Chichi y el tecito de coca para el soroche de la transición.
Yo creí que Húmala había ganado las elecciones. ¿Era un espejismo cuando vi a la señora Keiko Fujimori felicitarlo? Y cuando la ONPE lo proclame oficialmente, ¿estaremos soñando?
Porque la imagen que da ofreciendo, contrito y casi avergonzado, tantas explicaciones y garantías de que aquí no ha pasado nada es la de un presidente electo secuestrado por el poder económico y chantajeado brutalmente por el periodismo, que primero ayuda a crear el terror financiero y luego hace preguntas sobre el terror financiero. Y de tanto decir que no ha pasado nada, lo más probable es que no pase nada. Porque el lenguaje, como siempre, tiene cualidades proféticas.
Llegar al poder para incumplir promesas es una especialidad de Fujimori y Alan García. No vaya a ser que los intereses del gobierno de facto (minero-corporativo-estadounidense) vuelvan a convertir la esperanza de un cambio tranquilo y en paz en un nuevo episodio de decepción y rabia.
Húmala se ha comprometido con nuevas reglas de juego. Nadie espera de él una revolución que nos lleve a la anarquía y a la respuesta fascista. Nadie espera de él una turbamulta como la que anhelaba Rospigliosi cuando matriculó su rabia en la ultraizquierda. Nadie quiere aquí a comunistas que jamás criticaron a Castro ni a Stalin y que se tragaron el sapo de las satrapías del Pacto de Varsovia. Pero, caramba, millones de peruanos—la mayoría— esperan que con Húmala, por lo pronto, los miedos, los egoísmos y la avaricia sin límites de la derecha neanderthal del Perú no sigan imponiéndose como la agenda del futuro.
Que Húmala deje de oír los susurros de los asustados. A lo que hay que temerle de verdad es a la posibilidad de mentirle a la gente que confió en él y que está segura de que este no será el gobierno de Grana Montero, El Comercio y míster Chlimper.
MENTIRA Y RACISMO
Älgún dia cuando alguien escriba nuestra historia doméstica de la infamia,tendrá que antologar muchas caratulas de Peru 21,el diario engreido del Grupo el comercio y algunas muestras de cretinismo neonazi esparcidas en la red.Perú 21 mintió,esperando la victoria de la mafia que tan buenos recuerdos le traia a su director.Internet fué un vívido desague despues de la derrota de Fujimori,
Por: Cesar Hildebradt
"Me ha parecido siempre singular el número de estas tinas de piedra que se hallan en todas las residencias de los Incas, y que en la frigidez de las serranías atestiguan hábitos de limpieza e instintos de higiene indudables en la aristocracia del Perú prehispano, sorprendentes cuando se comparan con la espantosa inmundicia de los indios y cholos de hoy".
La cita precedente no es la de un racista del Facebook ni la de un putativo boer sudafricano anterior aMándela. Fue escrita por José de la Riva Agüero, el padre del conservadurismo peruano del siglo XX, y la incluye Osmar Gonzales Alvarado en su flamante libro La academia y el agora.
Si Riva Agüero, que exhalaba aristocracia, podía escribir esa ordinariez, ¿se imaginan de lo que son capaces los imbéciles del Facebook, los niñatos que creen que solo valen los apellidos importados y las fortunas bien o mal habidas?
Pues no necesitan estirar su imaginación. Lean algunas muestras de racismo asesino en estas páginas.
Lo que demuestran estos bárbaros no es solamente que tienen el alma enferma y el cerebro dañado por el desuso y, en el mejor de los casos, los videojuegos. Lo que demuestran, en el fondo, es que no entienden nada y que serán superados fácilmente por la compleja realidad. Son un anacronismo viviente.
En el Perú el problema del indio es el blanco. O el que aspira a ser blanco. O el que cree que la blancu¬ra consiste en despreciar a los que menos tienen. Porque el verdadero problema no es ser indio o ser cholo. El asunto es tener o no tener. Para esta gente, el dinero blanquea y la miseria afea y oscurece.
Solo por eso vale la pena el triunfo de Ollanta Húmala, que es resumen marrón del mestizaje. Que los odiadores recuerden que en este país Arguedas fue grande y Julio C. Tello fue enorme y el cholo Vallejo más grande todavía.
Hay que ser un analfabeto de Eisha, un canalla sin límites para escribir lo que se ha podido leer estos días en la red. Y hay que ser un fanático de la deshonestidad para llenar un periódico de sarro ideológico con el propósito de asesinar moralmente a un candidato.
Las dos cosas se juntan: el racismo y la mentira son hermanos gemelos.Porque el racismo es, antes que nada, una mentira autocomplaciente de acomplejados potencialmente criminales.
Y porque solo desde la crueldad se puede sugerir que la ignorancia de muchos de nuestros pobres es premeditada y que su bilingüismo atropellado por falta de escuelas publicas los hace inferiores.Hay que ser inferiro para llamar inferiores a los que no votan como queremos y para decir que los otros”no nos conciernen y que el Peru se parece ahora a una hacienda invadida por la cholería.como en los tiempos de los Gildemeister y los Larco
viernes, 3 de junio de 2011
MATICES-VOTAR POR HUMALA

Por: César Hildebrandt
Si yo fuera un canalla, votaría por quien podría encanallar aun más al Perú.
Porque los canallas se juntan y, a diferencia de los menos malos, ejercen afiatados sus maldades, comercian codo a codo, se federan.
El club de los canallas nunca cierra y su padrón es infinito.
Los canallas tienen un proyecto sencillo y pedagógico: ganar dinero a cualquier costo. Y eso implica que los prójimos son pocos y muchos son los otros. Los prójimos son el vecindario. Los otros son manchas en las fotos, curvas en las estadísticas, barritas en los cuadros del consumo. Los prójimos son la patria. Los otros, los que deben padecerla: aimaras del sur, quechuas del centro, aguarunas y huambisas del oriente, pobres de todas las calamidades, sobrevivientes del adobe, furia sin remedio y muchas veces sin salario.
Un día a este país, que era primordialmente redistributivo como todas las “monarquías hidráulicas” (Hugh Thomas dixit), llegaron armaduras y caballos y pólvoras y biblias. Los Habsburgo terminaron con un imperio y extendieron el suyo de un modo tan drástico como el exterminio.
Cuando nos liberamos del mandato español, caímos en el yugo que nos ha sido tan propio: el del caos, el voluntarismo mesiánico y la desinstitucionalización permanente.
Y así hemos vivido todos estos largos años de ensayo republicano: oligarquías que jamás cedieron, riquezas magníficas que se despilfarraron, épicas traiciones, ricos armados de leyes y generales, pueblos sentenciados al atraso. Aquí, con raras excepciones, no hemos tenido la clase empresarial fundadora y pujante, creadora y magnánima en el éxito que otros países conocieron.
Por eso es que muchas veces no parecemos un país sino una víspera, un proyecto trunco.
Y nadie hizo tanto para que esa dulzona frustración que es mi país siguiera siendo frustración como el señor que el el padre de la señora k. Fujimori
Nadie como él hizo con tanto talento y tan eficaz malignidad la tarea de convertirnos en una asociación de hordas y en un lugar donde todo lo que no fuera mentira y crimen resultó perseguido.
Fujimori hizo con prolijidad lo que otros habían hecho como aficionados, y tras su paso por el poder quedó un mamarracho de país en el que los jueces debían estar en la cárcel y los militares en la basura y los congresistas en una morgue moral.
La derecha aplaudió esa orgia, La disfrutó decuplicando sus ganancias. La quiso perpetua porque inmóviles son sus apetitos. La quiso como era porque era redundantemente suya: analfabeta, ladrona, eventualmente asesina, sin límites y sin patria. El de Fujimori, no lo olvidemos, fue un gobierno de cachacos corrompidos con un Chávez medio japonés que quiso hacer interminables sus reelecciones. ¡Y acusan a Humala de querer hacer lo que ellos tienen ganas de repetir!
Para esa derecha, lo de Paniagua y Toledo fue una incomodidad. Lo de García ha sido, en cambio, una grata sorpresa: el heredero de Haya saqueando y permitiendo el saqueo.
Y cuando todo parecía suave como el campo de golf que existe en un poema de Nicolás Guillén, entonces reaparece un hirsuto comandante que no es quien va a mandar a parar el baile sino quien va a invitar más gente a la fiesta.
Entonces, se anuncia el apocalipsis: el dinero se irá por que el dinero es un macho viajero que solo se queda donde las putas son dóciles y las tarifas razonables. Y habrá más pobres porque sin inversión no habrá más empleos. Y esto lo dicen en un país donde hay 34% de pobres y 11% de pobres extremos (es decir gente que literalmente se muere de hambre).
Y hablan de los derechos corporativos en un país donde la presión tributaria es 20 puntos menores que la de la Unión Europea, donde inventaron y aun conservan, felizmente, el capitalismo con responsabilidad social.
Hace 21 años que el señor Alan García inventó a Fujimori para impedir que las investigaciones prometidas por Mario Vargas Llosa lo condujeran a la cárcel: Hace tres meses, el señor Alan García inventó a PPK para impedir que Alejandro Toledo reabriera algunos casos que también podrían haber empujado al líder aprista tras las rejas.
Ahora está haciendo con la hija lo que hizo con el padre: prestarle todos los apoyos, todas las intercepciones telefónicas, todos los auxilios de la prensa mercenaria y de sus operadores. Su objetivo es uno solo: no acabar en la cárcel por todo lo que ha robado y no ser juzgado por todo lo que ha ordenado matar.
Porque al señor García lo persigue un cementerio, un coro de agujereados, una multitud de rendidos en busca de explicaciones. Y lo persigue un imaginario contralor que haga preguntas y pueda conectar fideicomisos y cuentas cifradas.
Millones de jóvenes sin memoria y sin afán de tenerla respaldan, desde la inconsciencia, esta trama. Y el Perú podría elegir pasado mañana a la ex primera dama de un gobierno que avergonzaría a cualquier civilizado.
Que la socia y usuaria de los robos de un régimen como el de Fujimori haya postulado, es una proeza de la distracción ética. Pero que resulte elegida será una imborrable derrota de la dignidad.
Si los canallas se juntan y amenazan en banda, pues habrá que decir lo que en esta columna faltaba decir: votar por Ollanta Humala, con todas las aprehensiones del caso, no será solo un deber sino una expresión de esa limpieza que nos permite seguir llamándonos ciudadanos.
Lima, 3 de junio de 2011.
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