Este rincòn sirve para volcar inquietudes de nuestra vida diaria, mostrar articulos de diversos autores sobre nuestra realidad y recibir sus importantes opiniones.Estaremos atentos a todo como lo haciamos en nuestros turnos de imaginaria cuando eramos cadetes del Colegio Militar Leoncio Prado .
Pepelucho
Marco Medina Falen es un hermano de siempre que constantemente nos visita ya que radica en Tacna hace muchisimos años en donde recalo por razones de trabajo y alli creció su familia. Marcos, el ronco, como lo concocemos es una persona muy carismatica y generosa.A traves del tiempo siempre se preocupo,amen de lo que pudiera sucederle, por los demas en forma desinteresada. Siempre nos invito a “su ciudad” como el llama a la Gloriosa Tacna.Desde tiempo atrás venia prepaando su cumpleaños del 18 de diciembre, fecha muy dificil para algunos pero no para los que pudieron acompañarlo.Tuve la suerte de estar en vivo y en directo a traves del hilo virtual , saludarlos y sentir la emoción que estaban viviendo.Es que se dio el lujo de reunir a los que fueron: el chino Garcia, el arabe Andrade, El Tano Falcone y el gavilan de los andes Juanito Coronel, con Luis Ames Zuñiga y con Domingo Leo a quienes no vemos fisicamente hace muchisisismos años. A traves de las notas de Quique,Juan , Oscar y las fotos de Foncho su inseparable amigo de allá nos deleitamos con lo bien que estuvo nuestro querido “Chilapa”.Bien merecido por su generosa entrega y vitalidad a todo lo que se llame XIX promoción. A traves de las imágenes es que nos contagiamos con la alegria reinante y de la felicidad de la delegación itinerante en que cada tiempo se escapan para abrazar al hermano que esta lejos. Palmasssssssss
LOS COMENTARIOS DE LOS VIAJEROS
FONCHO DICE
Buenas tardes amigos, si, les envio estas magnas fotgrafías que hablan por sí solas, hacía tiempo que Marco, el popular Chapana por estos lares, anhelaba la visita de sus compañeros del Leoncio Prado y nunca pudieron estar mejor representados los que por, cuales quiera fueron los motivos o razones no pudieron estar presentes. Enrique Falcone, simpatiquísimo señor con su majestuoso puro; Oscar Andrade, esperamos hayas logrado ganar el partido, estabamos preocupados pero, tiene Usted un exelente físico, ¡¡¡QUE BRAVO AMIGUITO AH.......!!!; Don Juanito Coronel, señor de las escarpadas cumbres y nevados, pilotazo, maneja muy bien sus tiempos mi amigo, es Usted un personaje; Victor García, gran amigo, mejor compañero, el que se descuida ya fue..........ó NO! que tal ese sudado, la combinación perfecta; Pirulo Leo, casi hasta el final durante dos dias pero, a secas, físico impresionante!!! y, como último integrante de este periplo, Lucho Ames, de una sola jornada, arrancó muy bien y se le apagó el volumen. Gran equipo, lo pasamos muy bien y Marco quedó ¡¡¡ENCANTADA!!!! JJEJEJEJEJEJE............. ANTES DE DESPEDIRME PERMITANME DESEAR A TODOS USTEDES UNA MUY FELIZ NAVIDAD, QUE JESUS Y LA VIRGEN BENDIGAN SUS HOGARES Y AUGURARLES RECIBAN EL VENIDERO AÑO COLMADOS DE ACTITUD SIEMPRE POSITIVA. UN ABRAZO AMIGOS.
OSCAR COMENTA Mis hermanos, de vuelta por Lima luego de estar con el negro "bueno" Marco Medina en la linda y bien cuidada cuidad de Tacna. Realmente el "negro" se pasó, hemos podido disfrutar de su hospitalidad desde el recojo del aeropuerto a las seis de la mañana del viernes, hasta la despedida en su club "La Alborada" el sábado a las 8 de la noche, en que yo y Tano nos retiramos por tener que estar en el aeropuerto a las 4 de la mañana del Domingo.
Mas o menos así pasó la cosa, luego de un contundente desayuno, el negro nos hizo un recorrido por toda la ciudad mostrándonos los sitios mas importantes, visitando a un par de amigos, entre ellos a nuestro compañero Lucho Ames que se comprometió a estar con nosotros para el almuerzo de rigor, acabando en el Mercadillo Bolognesi para una inspeccción a vuelo de pájaro, sin alusiones personales, para ver que es lo que valía la pena comprar. Luego al Hotel, una refrescada y de ahí al Restaurant "La Huerta". Grande fue nuestra sorpresa al encontrarnos con otro promocional Lorenzo Leo Ramirez, comenzamos a la una de la tarde y media, cerveza va cerveza viene, unos cortos de vino, y unos bondadosos platos de picante de camarones, picante de mondongo, arroz con pato, hasta casi las siete de la noche. Lucho Ames se depidió ya que viajaba a Lima en la madrugada del sábado y los que quedamon emrrumbamos para el club "La alborada" donde el negro Medina ha sido nombrado Presidente para el periodo 2011.
El negro es tan conocido que hasta las estatuas de Bolognesi y Alfonso Ugarte lo saludan cuando pasa, bueno... llegamos al club, dicho sea de paso muy bien puesto y con todas las comodidades. luego de un ingreso brillante en las terrazas del club, en que nos juntamos con tres patas del negro que estaban tan alegres como nosotros nos pusimos a cantar y se nos escuchaba hasta Arica así es que a eso de la hora nos cuadraron y nos retiramos estratégicamente al Bar. Como al negro lo quieren harto, los patas se pusieron 3 botellas de Whisky (acá todos toman Swing) y comenzo el segundo turno, A eso de las 9.10 pm se aparece el Tano con su sombrero de Mediolao y fumando su habano con la calidad que lo caracteriza. Bueno a eso de las 10.45 pm dos se quedaron privados, ya verán las fotos, pero el negro queria de todas maneras recibir su santoyo con sus amigos, así lo hicimos, algunos no se acuerdan a que hora salimos y como llegamos al hotel.
El domingo habíamos quedado en tomar desayuno a las 9.15 am., pero resulta que el Tano tuvo que despertarnos a las 9.30 am porque estabamos privados pero nadie se sintía mal, ni resaca, ni dolor de cabeza, ni nada, definitivamente el buen trago.
Luego de las compras en el Mercadillo Bolognesi, y que Marco recuperara el habla, parece le dió la muda o todavía estaba dormido, nos dirigimos a su club a disfrutar de una parrilla y de un chanchito a la cruz en caja china, ya no ya, mas de uno repitió. Por supuesto aparecieron los amigos del negro, ya nuestros patas para ese entonces, el alcalde del distrito y el negro dá el play de honor con una JW etiqueta azul. El negro bueno Felisisimo, ya saben cual es el negro malo, verdad ????
Nuevamente una tarde para el recuerdo, pura joda y mucha alegria. Hasta que comenzó a correr viento frio, y nos refugiamos en nuestro conocido bar, pero la caballada estaba con hambre luego de no se cuantas botellitas de ese bálsamo de los dioses, y nos sirvieron un lomo saltado sudado en paila que para que les cuento, levanta muerto total, sino preguntenle al Chino que tuvo la mejor colocación de la mesa y manejaba la cuchara mejor que........
Bueno, como les dije retirada con el Tano a las 8 de la noche, levantada a la 4 de mañana del domingo, unos malos momentos en el aeropuerto por temas de aduana que casi nos hacen perder el vuelo, el Tano se puso tan bravo que le dijo a la empleada que sacara de su maleta la botella y que se la regalaba, a esta no le quedo mas que decirle pase nomas señor, pero no me mueva el gallinero, que hay muchos sapos.
Finalmente, para los que están al tanto de la final que me tocaba jugar la perdimos 2 a 1, fallamos un penal y le metieron un gol manso a nuestro arquero, que se hace será para la próxima.
Un abrazo grande para el negro MARCO MEDINA FALEN por su hospitalidad, amistad y el cariño demostrado a sus compañeros de la gloriosa XIX promoción,
Hasta la próxima mi hermano Marco, espero que Juanito Coronel pueda pasar algunas de las fotos.
TANO FALCONE NOS DICE: Un par de anécdotas adicionales a la brillante narración de mi paisano : *Saliendo del mercadillo (todos bien cargados de paquetes) paramos un taxi para regresar al hotel y oscar adelante se acomoda "al tiro"y atrás sube juanito,luego el chino y al ultimo el que escribe. Arranca maestro dice Oscar y yo estaba con la puerta abierta no me quedo mas q gritar"aguanta,aguanta!! que mi nariz aun no ha subido"carcajada general! *la noche de mi llegada estaban ya bien mamados todos y el chino con juanito se quedaron secos en un sofa.A eso de las 10 pedimos al mozo un taxi para irnos a dormir y salta como una fiera el "negro bueno" y le dice al mozo "si lo llamas te mato".."Aquí recibimos las 12!! Es mi santo carajo" Caballero esperamos las 12 y despertamos a los compañeros para abrazar a Marquito y sus 62 abriles.A las 12:10 estábamos Oscar y yo en un taxi rumbo al hotel con un fardo chino y un fardo negro ...
EL CHINO GARCIA COMENTA
HOLA HERMANOS, COMO LES AVISE AQUI EMPIEZO LA CRONICA DE NUESTRO PERIPLO POR LA HERMOZA CIUDAD DE TACNA POR EL CUMPLEAÑOS DE NUESTRO HERMANO MARCO MEDINA FALEN DEL 18 DICIEMBRE 2010.
NUESTRO VIAJE EMPEZO DESDE HACE CASI TRES MESES CUANDO NUESTRO HERMANO WALTER MERINO EMPEZO CON LA ORGANIZACION DEL MISMO CON MARCO MEDINA LOS FAMOSOS TUCO Y TICO COMO CARIÑOSAMENTE LOS LLAMAMOS DESDE HACE UNA PILA DE AÑOS, CUANDO TENIAMOS ENTRE 12 A 14 AÑOS DE EDAD.
COMPRAMOS NUESTROS PASAJES CON ANTICIPACION DE DOS A TRES MESES, POR LO CUAL VIAJAMOS EN EL MISMO VUELO OSCAR ANDRADE, JUAN CORONEL Y EL SUSCRITO VICTOR GARCIA, PASANDO POR UNA MADRUGADA PESADA YA QUE NOS EMBARCAMOS A LAS 03.40 HORAS DEL DIA 17 Y ATERRIZAMOS EN LA CIUDAD DE TACNA A LA 05.30 HORAS, ENCONTRANDONOS CON NUESTRO HERMANO MARCO MEDINA A LA 06.15 HORAS POR CUANTO NOS CONTO QUE SE ENCONTRO CON UNA BOTELLA DE SWIN EN LA NOCHE ANTERIOR LA MISMA QUE TUVO QUE DARLE VUELTA COMO DIOS MANDA, DICE PARA CALENTAR MOTORES ANTES DE NUESTRA LLEGADA.
MARCO NOS TRASLADO HASTA EL HOTEL EL MESON EN DONDE NOS ALOJAMOS EN LA CUADRA DE LA XIX Nº 103, PORSUPUESTO CON TRES CAMAS CONFORTABLES, PROCEDIENDO A INSTALARNOS, LAVARNOS Y SALIMOS CON PRONTITUD PARA EMPEZAR LOS FESTEJOS CON UN DESAYUNO AL ESTILO LA CIUDAD DE TACNA, PERO CON SU CORRESPONDIENTE ESPERA POR CUANTO EL RESTAURANT RECIEN LO ABRIERON COMO A LAS 07.30 HORAS, LO QUE NOS PERMITIO RECORRER LA CIUDAD CON CICERONE INCLUIDO Y HACER LOS COMENTARIOS PERTINENTES.
LUEGO EMPEZO EL GRAN DESAYUNO EL MISMO QUE CONSISTIO EN JUGO, CAFE Y LOS PODEROSOS SANWINCH ESPECIALIDAD DE LA CASA EL SEÑOR CHANCHO Y JAMON DEL PAIS, SIN ANTES SABOREAR LOS PODEROSOS TAMALITOS DE TACNA. TOMANDO NUESTROS ALIMENTOS Y DESPUES NOS QUEDAMOS MOVIENDO LA SIN HUESO COMO HASTA LAS 10.30 HORAS, PASAMOS A VISITAR EN SU TALLER QUE TIENE LUIS AMES HERMANO DE LA XIX, QUIEN NOS RECIBIO CALUROSAMENTE QUEDANDO EN ENCONTRARNOS PARA ALMORZAR, PORTERIORMENTE MARCO NOS LLEVO AL MERCADILLO BOLOGNESI CON LA FINALIDAD DE DAR UNA VUELTA PARA LAS COMPRAS DEL DIA SIGUIENTE TEMPRANO, LUEGO LLEGAMOS AL HOTEL PARA LA RESPECTIVA LAVADA Y NOS FUIMOS A UN RESTAURANT CAMPESTRE PREVIA RECOGIDA DE NUESTRO HERMANO MARCO NOS DIRIMOS Y LLEGAMOS AL RESTAURANT CAMPESTRE A LAS 13.30 HORAS EN DONDE NOS REUNIMOS ANDRADE, CORONEL, GARCIA, MEDINA, AMES, LEO Y EL AMIGO DE MARCO FONCHI QUIEN LUEGO A PASADO A CONFORMAR UNA AMISTAD CON LA XIX, POR CUANTO EL SE COMUNICA CON EL SAGRADO O SEA NUESTRO HERMANO JOSE VILLAVICENCIO POR INTERNET.
EMPEZO LA TARDE CON SUS RESPECTIVAS CERVEZAS Y LA RICA COMIDA TIPICA DE TACNA ASENTANDOLA CON UN DELICIOSO VINO, ASI MISMO ESTUVIMOS CONTANDONOS ANECDOTAS DEL COLEGIO, ASI COMO PREGUNTANDO NUESTROS HERMANOS QUE ESTAN EN TACNA POR VARIOS PROMOCIONALES QUE SE ACORDABAN Y DE LA VIDA TOMANDO EN CONSIDERACION QUE CON AMES Y LEO NO NOS VEIAMOS UNA PILA DE AÑOS, CONTANDONOS LEO POR MAS DE UNA HORA LA ANECDOTA DE VARIOS MILITARES DE ARTILLERIA QUE SE DESPLAZARON DE TACNA AL MORRO DE ARICA A IZAR CUATRO BANDERAS.
ESTUVIMOS EN EL RESTAURANT CAMPESTRE HASTA LAS 19.00 HORAS PARA LUEGO PASAR AL CLUB LA ALBORADA QUE PERTENECE A MAS DE 140 SOCIOS TODOS AMIGOS Y CONOCIDOS EN DONDE NOS ENCONTRAMOS CON TRES AMIGOS DE MARCO QUE SE ENCONTRABAN EMBALADOS, INMEDIATAMENTE NOS ACOPLAMOS Y A LA HORA YA TENIAMOS TRES BOTELLAS DE W... EN LA MESA LAS MISMAS QUE LLEVAMOS DEL COMEDOR AL BAR PARA NOSOTROS SOLOS, PREVIA SEPARACION EN DONDE DIMOS CUENTA DE DOS BOTELLAS DE W... Y DEJAMOS UNA PARA EL DIA SIGUIENTE QUE EMPEZABA EL CUMPLEAÑOS DE MARCO, SIN OLVIDARME QUE TAMBIEN HABIAMOS PICADO Y COMIDO PLATOS TIPICOS DE TACNA.
NOS QUEDAMOS DORMIDOS DOS GUERREROS COMO A LAS 23.00 HORAS, PERO DE TODAS MANERAS NOS QUEDAMOS HASTA LAS 01.30 HORAS DEL 18 DE DICIEMBRE DANDOLE EL RESPECTIVO ABRAZO A MARCO POR SU CUMPLEMENOS, PROCEDIENDO A RETIRARNOS A NUESTROS APOSENTOS COMO SE DIRIA TOTALMENTE SATISFECHOS.
EL DIA SABADO 18 EMPEZAMOS EL DIA COMO A LAS 09.00 HORAS OCUPANDO POR TURNOS EL BAÑO Y NO TODOS JUNTOS COMO EN LAS DUCHAS DEL MALACATE DE NUESTRA ALMA MATER CMLP. LA PERLA CALLAO, LUEGO DE ESTAR LISTOS TOMAMOS DESAYUNO LIGERO AMERICANO Y LUEGO COORDINAMOS CON NUESTRO HERMANO MARCO LA HORA DE LA RECOGIDA PARA IR A LA PARRILLADA DEL CUMPLEMENOS.
PERO NOSOTROS NOS FUIMOS PRIMERO AL MERCADILLO BOLOGNESI EN DONDE ADQUIRIMOS LOS LICORES CORRESPONDIENTES Y NUESTROS REGALOS FAMILIARES ASI COMO SOUVENIERS PARA LAS AMISTADES. LABOR QUE NOS LLEVO HASTA LAS 13.30 HORAS, ES AQUI EN DONDE SE SUSCITO LA ANECDOTA CON TANO CON REFERENCIA A LA CERRADA DE LA PUERTA QUE POR POCO SE QUEDA UNA PARTE IMPORTANTE DE SU CUERPO (SU NARIZ POR SUPUESTO) TAMBIEN LE INDICAMOS A OSCAR QUE ERA SIN ALUCIONES PERSONALES, USTEDES YA COMPRENDEN Y POR SUPUESTO JA,JA,JA,....QUE SE ENCONTRABA EN EL ASIENTO DELANTERO, LLEGAMOS AL HOTEL DE DONDE NOS RECOGIO MARCO, PROCEDIENDO A ENRUMBARNOS HASTA EL CLUB LA ALBORADA PARA LA SECCION DE LAS PARRILLAS EN DONDE LLEGAMOS Y PASAMOS A TOMARNOS FOTOS Y LUEGO EMPEZAR A DEGUSTAR LA BOTELLA DE W... ETIQUETA AZUL QUE UNICAMENTE NOS LA BEBIMOS LOS DE LA XIX PROMOCION.
A CONTINUACION EMPEZARON A LLEGAR FAMILIARES DE MARCO Y SUS AMIGOS INTIMOS CON QUIENES REPARTIMOS Y SE PROCEDIO AL DESARROLLO DEL ALMUERZO PARRILLA, LA MISMA QUE DEGUSTAMOS PORQUE ESTABA DELICIOSA JUNTO CON LAS BOTELLAS DE W... QUE BEBIMOS, DURANTE EL ALMUERZO NOS COMUNICAMOS CON NUESTRO HERMANO VILLAVICENCIO POR EL BLACK BERRY DE EL TANO, SITUACION QUE NOS PERMITIO CONOCER QUE EL FONCHO, AMIGO DE MARCO LO CONOCIA POR FACEBOOK, LO QUE CONLLEVO A QUE LAS BROMAS ESTUVIERAN A LA ORDEN DEL DIA, QUEDANDONOS APROXIMADAMENTE HASTA LAS 18.30 HORAS, EN QUE PASAMOS AL BAR EN DONDE SEGUIMOS BEBIENDO Y POR SUPUESTO DEGUSTANDO LA COMIDA TIPICA DE TACNA, EN ESTE CASO LOS FAMOSOS PICANTES DE CARNE, ACCIONES QUE NOS LLEVARON HASTA ALTAS HORAS DE LA NOCHE, NO SIN ANTES IRNOS CON CORONE, FONCHO Y YO A COMER, YA QUE NUESTROS HERMANOS OSCAR ANDRADE Y ENRIQUE FALCONE SE HABIAN RETIRADO POR QUE SE REGRESARON A LIMA EN EL AVION DE LAS 06.00 HORAS DEL DOMINGO A LA CIUDAD DE LIMA.
DESPUES DE UN DESCANSO REPARADOR HASTA LAS 10.00 HORAS DEL DOMINGO Y UN DESAYUNO AMERICANO NOS FUIMOS YO CORONEL Y MARCO AL CAMPO DE LA ALIANZA EN DONDE VISITAMOS UN MUSEO DE SITIO Y EL MISMO CAMPO DE BATALLA DE UNO DE LOS PASAJES MAS SANGRIENTOS DE NUESTRA GUERRA CON CHILE, LUGAR DEL QUE RETORNAMOS Y NOS FUIMOS A ALMORZAR PESCADO DISFRUTANDO DE UNAS RICAS CHITAS, AL AJO, SUDADA Y NO SE QUE M... QUE PIDIO JUAN CORONEL PARA LUEGO DIRIGIRNOS AL MERCADILLO BOLOGNESI PARA TERMINAR DE ADQUIRIR NUESTROS CORRESPONDIENTES REGALOS DE NAVIDAD.
A LAS 19.30 HORAS EMBARQUE A MI HERMANO JUAN CORONEL QUIEN SE REGRESO A LIMA EL DIA DOMINGO A LAS 21.30 HORAS.
ME QUEDE CON MI HERMANO MARCO, QUIEN EN COMPAÑIA DE SU SEÑORA ME INVITARON UN SUCULENTO LONCHE, CON QUIENES ESTUVE HASTA LAS 21.00 HORAS PROCEDIENDOME A DESPEDIR, NO SIN ANTES AGRADECERLES POR LAS ATENCIONES QUE TUVIERON PARA CON LA XIX PROMOCION EN LOS HERMANOS QUE VIAJAMOS.
POR ULTIMO GRACIAS SEÑOR Y SEÑORA MEDINA POR SUS ATENCIONES, ME DESPIDO CON EL CARIÑO Y AMOR DE SIEMPRE, SU HERMANO POR SIEMPRE EL CHINO GARCIA.
ALTO EL PENSAMIENTO CHINO GARCIA
Víctor M. A. García-Hjarles Contador Publico Colegiado Auditor - Consultor
MATICES POR CESAR HILDEBRANDT Me lo temía. Sabía -no me pregunten por qué- que Mario Vargas Llosa, con el soña¬do Nobel ya en la mano, iba a convertirse en el magno portavoz de quienes cortan el jamón. Es decir, que sin las prudencias que mantenía para no enemistarse con los jurados progres de la Aca¬demia Sueca, Vargas Llosa se despojaría de remilgos y de coquetas máscaras y aparecería, por fin, como lo que es: uno de los más talentosos escribidores del sistema mun¬dial de dominación. Y allí está su discurso en Estocolmo: una pieza que la Rahd Corporation hubiese aprobado, Ronald Reagan aplau¬dido y Benjamín Netanyahu celebrado hasta el delirio. Vargas Llosa ha condenado al terrorismo, pero sólo a una de sus versiones: la islámica, esa respuesta salvaje y repudiable a tantos años de abuso y dominación. Ni una sola mención al terrorismo de Estado: ni al de los Estados Unidos -extendido de modo planetario como una mestástasis de la estupidez- ni al de su filial israelí, concentrado en una diminuta franja a la que le llueven, cada vez que el gobierno de Tel Aviv lo considera nece¬sario, balas de uranio empobrecido, bombas de racimo, fósforo ardiente. Vargas Llosa lo ha dicho con todas sus letras: "Defen¬damos la democracia liberal". ¡Qué franqueza y qué va¬cuidad de frase! O sea que el escritor que ha pregonado siempre que la literatura enmienda a la realidad, postula, al mismo tiempo, desde su flamante Olimpo, la resignación ante lo que considera insuperable: LA DEMOCRACIA LIBERAL(las mayúsculas son mías, pero interpretan el énfasis vargasllosiano) Porque, dejémonos de monsergas: ¿Qué es la democracia liberal? ¿La de Estados Unidos, donde si quieres mejorar la salud pública dándosela a quienes no están cubiertos tienes que enfren¬tar a un ejército de analfabetos cívicos encabezados por Sarah Palin, ejército que, al final, paraliza o esteriliza tus proyectos? ¿O la de Chile, que nació en el mar de san¬gre de Pinochet y continúa hoy con un enorme grado de desigualdad y con el desconocimiento de los derechos mapuches? ¿O la del Perú, parida en el golpe de Estado de Fujimori y ahondada hoy por un farsante, con quien Vargas Llosa se ha amistado, que dice que la plata viene sola cuando la verdad es que viene acompañada de una licitación, una ley a domicilio, o una gran concesión fraudulenta.y que añade que si Húmala gana las elecciones él promoverá un golpe de Estado? ¿Esa es la democracia liberal por la que debemos, como caballeros andantes, luchar hasta morir? ¿La democracia liberal es la del cómico Menem o la del trágico Lobo? ¿La de Sarkozy -ese Petain sin bata¬llas-, o la de Berlusconi. Ese Casanova sin gracia? ¿O la de Rodríguez Zapatero, ese señor que acepta que los esta¬dounidenses usen las pistas de aterrizaje de España para sus vuelos con carga humana clandestina? Vargas Llosa callaría si alguien le pidiera precisiones. Pero no calla lo que su astucia y su vanidad le dictan -astucia para con¬graciarse con los grandes mercados y vanidad para eri¬girse en voz de una muy supuesta conciencia mundial-. Por eso usa groseramente el podio del Nobel para condenar la dictadura de Cuba y los "populismos paya¬sos" que se le parecen. Y menciona a Venezuela, Nicaragua y Bolivia. ¿Cómo se puede caer tan bajo en la cere¬monia de lectura oficial de un discurso por el premio Nobel? ¿Qué derecho puede esgrimirse para ese vertido de insultos? ¿Y si hay po¬pulismos payasos no habrá también corretaje de novelistas? Una cosa es segu¬ra: esas frases de callejón también las habrían firmado Condoleeza Rice y la Fox News. Y luego, ironizando res¬pecto del nacionalismo, otro asunto que le inflama la vejiga, Vargas Llosa habla de "los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos". No es la única frase huachafamente esdrújula de ese texto leído en Suecia. Fueron muchas, la verdad. Aquí va otra: "las noches estrelladas de esa tierra caliente". Y aquí otra, en alusión a la dramaturgia:"Otra de sus formas excelsas (de la literatura)". En fin, dio la impresión de que Vargas Llosa había escrito ese discurso pensando, casi como un escolar, en frases sonoras mucho más que en ideas nutritivas. Lo que creo que pasó es que Vargas Llosa no entendió que no lo estaban premiando por su militancia de libertario falaz y pistón ideológico del viejo Occidente. Ni entendió que el galardón no se lo estaban dando al feroz defensor de lo establecido. Ni se enteró de que los discursos del Nobel suelen tener moderación, elegancia y un cierto ecumenismo. A Vargas Llosa se le salió el cursi arequipeño-limeñísimo que lleva adentro. Y no hablo del llanto que interrumpió su discurso -llanto .legítimo, comprensible y hasta conmovedor-Hablo de su impertinencia para pontificar en un escenario inadecuado y desde ese sectarismo conservador que hace años lo esclaviza, repitiendo los lugares comunes del Tea Party y haciéndose eco de las sobras de Francis Fukuyama. Hablo de la pena de haber desperdiciado una gran oportunidad para que el escritor que admiramos nos dijera qué piensa del porvenir del libro,de la literatu¬ra industrial, del angosto terreno que le ha quedado a la poesía, del éxito como enemigo moderno de la calidad y la locura creadora, de la mafia de las editoras. Hace muchos años, como creo haber dicho, fui un lector febril de Vargas Llosa. Ahora que estoy leyendo El sueño del celta compruebo que esa antigua admira¬ción ha muerto. No me gusta en qué escritor se ha con¬vertido Vargas Llosa: lineal como un durmiente, cuerdo como una cena de negocios, eficaz como una mano de pintura. Tampoco me gusta qué personaje ha llegado a ser Vargas Llosa: tan narcisista que le cuenta a la Acade¬mia cómo cambió el pantalón corto por el largo, cómo empezó a declararse a las chicas y cuánto odia la plaga del nacionalismo (aunque vive en una Europa que prac¬tica la xenofobia, una suerte de nacionalismo masivo y federado). ¿Dónde quedó el escritor del desacato que alguna vez habló en la entrega del premio Rómulo Gallegos? ¿Dón¬de el intelectual que luchó por la libertad de Heberto Pa¬dilla -el gran poeta que el estalinista Fidel Castro mandó encarcelar- pero que no era ni quería ser un funcionario intelectual de los usurpadores de Guantánamo? ¿Dónde está el Vargas Llosa que quisimos tanto? Nadie lo sabe. Ni él mismo. Lo que sí sé, conociendo algunos aspectos de la pareja, es que el Vargas Llosa reaccionario hasta la hipérbole que habló en Estocolmo es el Vargas Llosa que durante años, a punta de paciencia, truenos y dulzuras, moldeó para sí Patricia Llosa de Var¬gas Llosa. Por ratos tuve la idea insensata de que el Nobel se lo debieron dar a ella. Aquí en Lima, por supuesto, la corte de aduladores im¬pávidos del escritor se deshizo en elogios. Lima, como se sabe, es una ciudad virreinal.
Lo más importante de esta semana ha sido el fallo del Tribunal Constitucional en relación con los petroaudios. Debo decir que, en la mañana del jueves, compartí la ira de algunos colegas en relación con esta sentencia que impediría que las grabaciones difundidas por Cuarto Poder puedan ser usadas por los remolones jueces a cargo del asunto. Después me tranquilicé. La sedación vino tras una breve conversación telefónica con el constitucionalista César Valega, hombre honorable y sabio. Le pregunté a Valega si esa sentencia del TC puede ser retroactiva (es decir, aplicable al sucio asunto "petroaudios"). Me dijo que no. Pero me dijo algo más: "Ese fallo, desde el punto de vista legal, no existe. Es tan írrito (inválido, nulo, sin fuerza ni obligación, según el diccionario) como el de la píldora del día siguiente. El Tribunal Constitucional se ha excedido otra vez y pretende imponerse en un terreno que no le pertenece". Así de claro. Así de rotundo.
Encerrados en círculos, Ricardo Beaumont y Juan Vergara, los dos únicos magis¬trados dei TC que hicieron observaciones a la sentencia. Los demás se allanaron.
De modo que lo que queda es que los jueces prosigan su camino, la prensa no se deje amordazar, los audios que denuncien inmundicias se sigan ventilando,el min isterio publico incurra en "desacato ético"-ya sé que el oxímoron puede sonar-perturbador-y la ciudadanía, movida por las oenegés dedicadas a salvaguardar el derecho a la transparencia, empiece a hacer plantones delante de estos sinver¬güenzas con toga. Todo eso debe suceder mientras el lado no podrido del Congreso da el primer paso en una lucha que será larga pero que el país tiene que ganar. O cambiamos el TC sacándolo de las garras partidarias que hoy lo han convertido en botín, o lo abolimos. Desde mi modestia de lego en derecho yo votaría por su desaparición.Porque Alan García nos ha demostrado qué cara puede llegar a tener un TC amaes¬trado en el local de Alfonso Ugarte y cuan ridículo puede llegar a ser un tribunal de ultima instancia que vota, por ejemplo, en favor de la restitución en su puesto de trabajo de un señor que llegó borracho a faenar. El TC que Fujimori desactivo y García ha corrompido, es actualmente un asco. Pero es un asco peligroso porque quiere ser una Corte Suprema paralela. Es horade decirle basta. Que el señor Velázquez Quesquén defienda la sentencia sobre petroaudios es la firma que faltaba para identificar el origen de esta maniobra. Que los operadores de Business Track (con todos los adjuntos del caso) no celebren antes de tiempo .Lo que han logrado es un éxito pasajeroy formal. En el fondo,al desligitimarse de una manera tan sórdida, el TC ha dejado de existir. Porque nadie esta obligado a aceptar sentencias dolosas dirigidas a auspiciar el crimen. A veces la mejor manera de preservar un Estado de derecho es la desobediencia. Todo esto ha sucedido en una semana en la que Jaime Bayly citó del presidente García la frase que deberá acompañarlo el resto de su vida: "La plata llega sola". La fras \e es un insulto para el señor Sergio Síragusa, presidente de Tralima, que le entregó, personalmente, un millón de dólares repartidos en tres paquetes. Y es una ingratitud hacia el señor Alfredo Zanatti, que depositó en la cuenta.cifrada que el señor García tenía abierta en el Barclay's Bank de las islas Gran Caimán la suma exacta de 2' 835,138 dólares (dictamen de la fiscal Nellv Calderón!. Y es un un insulto negacionista para los Barrios,Los Garrido Lecca,Los cornejo,Los Obedrech,Los Rodriguez,Los Graña y tantos amigos tan corpóreos como adinerados.Es una lisura que no se les reconozca
Nuestra vida, por asi decirlo, siempre nos depara sorpresas y momentos que son inolvidables.Este año tuvimos que vivir emociones muy fuertes y de profunda tristeza por la partida de cuatro seres muy queridos: mi tio Carlos Novoa Solis, hermano de vida de mi padre y de nuestras familias:Carlos Gomez, inseparable hermano con quien compartiamos el dia a dia: el colorao,como le decia,Teobaldo Palacios Leon, toda aleria, dinamismo y afecto,y hace tres dias en forma inesperada partio Alfonso Costa Costa nuestro querido "manzanita"quien pese al coraje diario que ponia para enfrentar la vida y que nos los trasmitia a traves de sus palabras y escritos tuvo que cumplir con los designios de la vida. Todo ello nos hace pensar , a estas alturas del partido, que es el camino de la vida y debemos estar atentos y prerados porque el pasaje de partida ya sta comprado y solo dios sabra cuando debmos entregar el boleto.Sin embrgao esas tristezas se transforman en sonrisa y en alegres monetos cuando das un granito de alegria a seres de profunda ternura que viven un mundo distinto al nuestro y que requieen del apoyo de los demas.En algunos casos los atienden en el colegio y en la casa hogar a niños que no tienen a nadie y sufren de enfermedades permanentes.Otros y gracias al bendito amor de sus familiares pueden segir adelante tratando de mejorar sus condiciones de vida.Todo ello en el Colegio Especial de Surquillo dirigido por la Sra. Directora Raquel Rojas que con sus profesoras atienden con elevada paciencia y afecto a estos hermanos especiales . Alli estuvimos el sabado cumpliendo lo que todos los aÜos realizan nuestras damas de la XIX Promocion del colegio Militar Leoncio Prado. Gustavo Lavarello papanoel en vivo y en directo una vez mas nos regalo sus mometos para dar alegria y apoyo como todos los años. Ver las sonrisas amplias y llenas de inocencia de los niños era mas que suficiente. Todo lo que hace es poco por lo mucho que hay por hacer.Estoy seguro que podremos hacer mas.Hemos bailado,cantado y nos contagiamos de su ternura sabiendo que pese a todo hay muchoas peonas que nos necesitan mucho mas.
Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d¿Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.
No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma ¿la escritura y la estructura¿ lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.
Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.
Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos ¿aunque nunca llegaremos a alcanzarla¿ a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.
En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy ¿que trato de ser¿ fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china.
De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía del Perú sólo sería un seudo escritor de días domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellísimas piezas literarias, de André Malraux, y, tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del general de Gaulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.
De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía Hay, hermanos, muchísimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente.
Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman “las raíces”, mis vínculos con mi propio país ¿lo que tampoco tendría mucha importancia¿, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.
Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de Africa del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si ¿el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan¿ el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra.
Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de “todas las sangres”. No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el África con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!
La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza.
Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso ¿triste consuelo¿ descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.
De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.
Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de como, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico. La transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz.
Detesto toda forma de nacionalismo, ideología ¿o, más bien, religión¿ provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.
No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.
El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban “el pie ajeno” ¿lindo y triste apelativo¿, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón, en el Miraflores limeño ¿la llamábamos el Barrio Alegre¿, donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad.
El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.
Volvamos a la literatura. El paraíso de la infancia no es para mí un mito literario sino una realidad que viví y gocé en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde con mis primas y compañeros de colegio podíamos reproducir las historias de Tarzán y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban los murciélagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esa tierra caliente. En esos años, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merecía aplausos, a mí, el nieto, el sobrino, el hijo sin papá, porque mi padre había muerto y estaba en el cielo. Era un señor alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir. Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.
Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. “Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.
Al hablar de la ficción, he hablado mucho de la novela y poco del teatro, otra de sus formas excelsas. Una gran injusticia, desde luego. El teatro fue mi primer amor, desde que, adolescente, vi en el Teatro Segura, de Lima, La muerte de un viajante, de Arthur Miller, espectáculo que me dejó traspasado de emoción y me precipitó a escribir un drama con incas. Si en la Lima de los cincuenta hubiera habido un movimiento teatral habría sido dramaturgo antes que novelista. No lo había y eso debió orientarme cada vez más hacia la narrativa. Pero mi amor por el teatro nunca cesó, dormitó acurrucado a la sombra de las novelas, como una tentación y una nostalgia, sobre todo cuando veía alguna pieza subyugante. A fines de los setenta, el recuerdo pertinaz de una tía abuela centenaria, la Mamaé, que, en los últimos años de su vida, cortó con la realidad circundante para refugiarse en los recuerdos y la ficción, me sugirió una historia. Y sentí, de manera fatídica, que aquella era una historia para el teatro, que sólo sobre un escenario cobraría la animación y el esplendor de las ficciones logradas. La escribí con el temblor excitado del principiante y gocé tanto viéndola en escena, con Norma Aleandro en el papel de la heroína, que, desde entonces, entre novela y novela, ensayo y ensayo, he reincidido varias veces. Eso sí, nunca imaginé que, a mis setenta años, me subiría (debería decir mejor me arrastraría) a un escenario a actuar. Esa temeraria aventura me hizo vivir por primera vez en carne y hueso el milagro que es, para alguien que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, encarnar por unas horas a un personaje de la fantasía, vivir la ficción delante de un público. Nunca podré agradecer bastante a mis queridos amigos, el director Joan Ollé y la actriz Aitana Sánchez Gijón, haberme animado a compartir con ellos esa fantástica experiencia (pese al pánico que la acompañó).
La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.
Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas ¿rayos, truenos, gruñidos de las fieras¿, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.
Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.
De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.
Que la podre fujimorista trate de impedir que un un magistrado honesto llegue a la presidencia de la Corte Suprema ya es, aun para los estándares domésticos, demasiado.
El fujimorismo es hijo del latrocinio y Barrios Altos, del SIN y de Beto Kouri, de los Migs con coima y de ladrones uniformados que están en la cárcel gracias a jueces como César San Martín.
Todo país tiene una infección crónica. Francia padece de narcicismo xenófobo, Alemania jamás se libró de una fiebre mesiánica y aria, a España la roe (y llegará a que¬brarla) el plural separatismo que la monarquía apenas distrae.
El Perú tiene su propia infección y esa es el fujimorismo, que es resumen magistral de nuestras taras más inmorta¬les: la vocación por el autoritarismo, la benevolencia para con el robo, los instintos lombrosianamente violentos, el sarro del resentimiento social, la ignorancia como virtud, el cinismo como arma, la criollada como atenuante.
Bastaba escuchar a Fujimori para darse uno cuenta de las oscuridades que albergaba. Todo en él era farsa. Y un país abundante en farsantes gozaba con esa represen¬tación. Si en farsa se hubiese quedado todo, estaríamos hablando de una anécdota y una pérdida de tiempo. Pero Fujimori es un farsante que roba y man¬da matar y su papel de gobernante fue disolver al país matando todo asomo de institucionalidad. No quería un país (que jamás fue, sentimentalmente, el suyo): quería un burdel y la abyección de miles lo satisfizo. Empresarios, fun¬cionarios, liberales adocenados y perio¬distas de copete fueron las putas tristes de Fujimori-san.
Y bien, ahora resulta que las sobras de esa infamia aparecen en público y dicen qué es bueno, qué es malo, qué camino debemos elegir, qué jueces no pueden ascender, qué sentencias deberían revisarse, quiénes son los chicos buenos. Ya sé que somos un país en el que la verdad no es bien¬ venida y que estamos pagando el hecho de tener un Es¬tado que Basadre que llamó empírico. Ya sé que estamos magullados por la ignorancia de las clases dominantes que no pudieron construir sino saquear. Ya sé que aquí el atraso es la norma y la cobardía es una nece¬sidad. Ya sé que la CONFIEP, la ADEX, la SNI, la ASBANC y la China Tudela, revolcada con algún Agois, son miembros de la cofradía. Ya sé que Cipriani reza por Keiko. Ya sé que Saravá gotea en La Razón. Ya sé que en El Comercio han tomado el poder los mucha¬chos del Club Neanderthal. Ya sé que la televi¬sión envía sus rayos de achicamiento cerebral cada quince minutos.
Pero aun así, me preguntaba: ¿tan misera¬bles somos que permitiremos que los mise¬rables definan lo que es socialmente ético? ¿Tan bajo hemos caído, nosotros, los que en Angamos,Tarapacá y La Breña demostramos que una cierta grandeza no nos era ajena?
Así que me puse atento a ver qué pasaba el día de la elección en la Suprema.
El señor Sousa, pobre diablo, creyó que con un correo, interceptado por la misma gente de Business Track al servicio de la Marina, se iba a traer abajo la candidatura de César San Martín, el juez im¬pecable que produjo una de las sentencias más limpias de la historia del derecho. El pobre diablo estaba seguro de que esta vez el fuji¬morismo volvería a demostrar su potencia. ¿En qué se basaba? En un correo electró¬nico del que se podía deducir que San Martín había hecho consultas con juristas de otros países. Como sí en la al¬dea global consultar fuera un pecado. Como si el carácter multinacional de las senten¬cias de Nuremberg pudiese usarse como argumento para anularlas. Eso hubieran queri¬do los nazis, claro. Como sí el Tribunal Penal Internacional, cosmopolita por esencia, pe¬case cuando arma sus fallos por consenso y tras aportes doctrinarios de todas partes. Eso hubiera querido Milose-vic, por supuesto. Como si no existieran el derecho compa¬rado o Internet. Como si el juris¬ta que va a una biblioteca y consulta diez libros de autores extranjeros estuviese incurriendo en una falta. A pesar de eso, me temía lo peor. La Caverna domina la escena y dicta la partitura. Es prepotente como un ha¬cendado, racista como un boer. Es un deficiente mental que ha heredado un reino y tiene a la guardia del palacio a sus órdenes. Entonces, llegó el día. Y resulta que llegó la hora de la votación y San Martín ganó 13 contra 2, casi como el Barza, ileso tras la lluvia de miasma. ¡Qué buena noticia! ¡Entonces, hay esperanza! ¡No somos tan miserables como el pesimismo nos hace creer a veces! ¡Qué mala noticia para el fujimorismo! ¡Qué mala noticia para los Fujimori, Alan García, Sara¬vá, el negro Mama, el burro del hortelano! ¡Han perdido el poder judicial! O sea que no podrán hacer lo que les da la gana en el asunto Petroaudios,en la cochinada de Cofopri,en el caso del indulto a Crousillat y su cómica derogación terminada en escape. Quiere decir que las decenas de juicios que el fujimo¬rismo ha parado con mil artimañas (en busca de su pres¬cripción) pueden ahora resucitar. ¡Quiere decir, en suma, que la mugre ha perdido